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Casi ochenta mil peruanos tienen ascendencia japonesa

Después de la Segunda Guerra Mundial, los miembros de la comunidad nikkei lograron establecerse en el país.

26 de Abril del 2015 - 10:37 » Textos: Grecia Llanos Peña gllanos@grupoepensa.pe

Fue el 3 de abril de 1899. El barco “Sakura Maru” llega a su destino: el puerto del Callao. Unos 790 hombres provenientes de Japón descienden a tierras peruanas con la esperanza de hallar un trabajo digno y ahorrar suficiente dinero para mantener a sus familias. De esta manera describe Pedro Makabe, presidente de la Asociación Peruano Japonesa, la llegada de los primeros inmigrantes nipones al Perú. Este hecho histórico no solo dio inicio a las relaciones entre ambos países, sino también a la formación de la comunidad nikkei, integrada actualmente por casi 80,000 peruanos de ascendencia japonesa.

Migración histórica. El arribo de los primeros japoneses a este país se produjo en un contexto totalmente diferente al actual. A fines del siglo XIX, Japón era una nación muy pobre. Makabe cuenta que la mayoría de sus ciudadanos se dedicaba a la agricultura, recibiendo pocas ganancias. Por eso, la propuesta de trabajo que ofrecía la empresa peruana Marioka fue atractiva para un numeroso grupo de hombres menores de 40 años. “Ellos estaban seguros de que volverían con una pequeña fortuna, pero eso jamás sucedió”, revela.

Para aquellos inmigrantes japoneses, llegar al Perú significó un viaje sin retorno. Aunque consiguieron trabajar en las diversas haciendas azucareras del norte y sur del país, nada de lo que establecía el contrato se cumplió. “Fueron tratados como esclavos. Pasado un mes, el 25% murió a causa de enfermedades endémicas, otro grupo yacía en cama y unos cuantos escaparon de sus trabajos para probar suerte en el comercio ambulatorio”, cuenta Makabe.

Proceso de expansión. Tuvieron que pasar más de cuatro años para que un nuevo grupo de nipones decida viajar al Perú. “Las condiciones de trabajo cambiaron y había un régimen laboral más libre. A partir de entonces, los barcos llegaban con más frecuencia desde Japón”, detalla el experto en historia. Hasta 1923, más de 20 mil japoneses trabajaban en territorio peruano. Al término del contrato, la mayoría optó por traer a sus familias para establecerse en este país. Así empezó a formarse la colonia japonesa.

Al comienzo, la estancia de los ciudadanos nipones en el país fue difícil. Sin embargo, gracias a su perseverancia, heredada de los samuráis, emprendieron dos tipos de negocio: las peluquerías y las tiendas de abarrotes. Con el tiempo, la colonia japonesa se expandió y logró consolidarse económicamente. Desatada la Segunda Guerra Mundial, el panorama cambió de manera radical. “Durante esos años, los japoneses fueron perseguidos y deportados a los campos de concentración de Crystal City, en Estados Unidos, pues los peruanos eran aliados de los americanos”, explica Makabe.

FUSIÓN

Peruano-japonesa. Terminada la guerra, todo volvió a la normalidad. A sus 100 años, Hirono Fukasawa, inmigrante de la prefectura de Yamanashi, recuerda que por aquella época decidió viajar al Perú en busca de un futuro mejor. “El recorrido duró 40 días”, cuenta esbozando una sonrisa. Junto a su esposo vivió en el Callao y trabajó en una chacra. Con el dinero que obtenían en cada jornada, pudieron dar a sus cinco hijos una educación superior. “Perú ha sido bueno con nosotros”, agrega.

Al igual que ellos, cientos de familias de origen japonés lograron integrarse por completo a la sociedad. El 90% reside en Lima y el resto en ciudades del norte y sur del país. “Los primeros migrantes japoneses y sus descendientes formaron parte del paisaje multicultural de este gran país”, señala Makabe. La fusión peruano-japonesa ha dado excelentes resultados en los ámbitos de la gastronomía, la literatura, la pintura y la música. “Los nikkei somos peruanos en todo sentido. Lo único que nos diferencia es que tenemos ascendencia japonesa. Seguiremos manteniendo nuestra cultura”, finaliza.