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Estos son los tres alcaldes que usaron una enfermedad para salvarse de la cárcel

¿Es la enfermedad una tabla de salvación para un alcalde amenazado de encierro por la justicia?

Estos son los tres alcaldes que usaron una enfermedad para salvarse  de la cárcel

Estos son los tres alcaldes que usaron una enfermedad para salvarse de la cárcel

20 de Septiembre del 2016 - 13:51 » Textos: Daniel Mitma » Fotos: Correo

Enfermarse es un pretexto poco saludable que siempre ha funcionado. Los niños se enferman para no ir a la escuela, los adultos para no trabajar. Y en esta crónica, tres alcaldes dirán estar enfermos para no ir a la cárcel.

“HISTORIA CLÍNICA I”. “¿Acaso el dos veces alcalde de Huancayo (Pedro Morales Mansilla) es un vulgar delincuente?”, reclamó en junio de 1995, don Pedro Morales Mansilla, luego de que un juez pidiera que lo llevaran directo a la cárcel para que no se escape de un posible castigo. Lo acusaban de colusión y estafa. Ese mismo día una pertinente enfermedad se acordó del alcalde y lo llevó a la habitación 303 de la clínica Ortega. Estaba mal de gastritis hemorrágica, una dolencia bendita que lo llevó al camastro del hospital antes de que lo capturen y permitió que la justicia tolere a la enfermedad. Durante varios días Morales Mansilla permaneció en ese lugar en una especie de descanso forzado. Afuera, viandantes y autoridades, salían a los medios a hablar, a pedir misericordia. Una afección podía ser tan estimable como la salud en un momento como ese, para Morales. Las enfermedades de políticos y líderes son tradición que se guardan en los anales de los datos curiosos. A medios del siglo I a.C., el emperador Julio César enfermó en pleno campo de batalla, con un ataque de epilepsia, pero aun así ganó esa batalla; en el siglo XX, Hitler adoleció de parkinson pero no para salvarse de la sentencia sino por viejo. En el caso de Pedro Morales Mansilla, el juez estaba dispuesto a mandarlo a la cárcel así que pidió que “otros” médicos lo examinaran porque él no creía eso de la gastritis. Estos “otros” médicos del Ministerio Público dijeron que estaba bien; el alcalde estaba ‘vivito y coleando’. Entonces ordenó que lo llevaran a Huamancaca pero cuando la Policía llegó a la clínica, Morales agonizaba con una hemorragia gástrica: “En peligro la vida de Pedro Morales”, tituló Correo. El caso pasó a otra instancia, se prolongó y el ex alcalde nunca fue encarcelado. Tampoco volvió a enfermar tanto.

“HISTORIA CLÍNICA II”. El hoy alcalde de Chupaca, Luis Bastidas Vásquez parece haber leído lo que pasó con Pedro Morales. En setiembre 2012, días antes de que le lean la sentencia por usurpación de funciones y abuso de autoridad, el alcalde se puso mal. ¿De qué? Se deprimió, según parece, compartiendo así el refugio emocional de alcaldes amenazados, de los políticos que juegan su última carta. En Persia, un fiel soldado del rey Darío se tuvo que desfigurar el rostro para que le creyeran que estaba del lado de los babilonios y así el imperio persa los conquistara. Bastidas no se cortó el rostro para que le creyeran pero se tomó cloruro y diasepán para quedar sedado. El día que la jueza fue a leerle la sentencia final, el alcalde de Chupaca estaba profundamente dormido, soñando con su libertad, tal vez, soñando con la misericordia para los enfermos, esa treta política que la iglesia llamó indulgencia que el Presidente entrega como indulto.

“HISTORIA CLÍNICA III”. The end. Entre los minutos en que todo quedaba listo para que le leyeran la sentencia al ex alcalde de Chilca, Abraham Carrasco, sufrió un desmayo que su suerte agradeció. Era julio de 2014 y la dolencia le impidió que escuche lo que el juez debía decirle por los delitos de nombramiento y aceptación indebida del cargo. Horas después se supo que Carrasco había sido sometido a una operación debido a una peritonitis causada “por la preocupación de muchas denuncias”, dijo su hermana esa vez. No le leyeron la sentencia al alcalde huancavelicano pero sí lo sentenciaron: 6 meses de inhabilitación. Era un paladín más de la enfermedad oportuna, de la libertad que se ‘cabrea’ a la ley.

En 2005 en España explotó el Caso Malaya, un escándalo de corrupción en el tema de construcción que llevó a un ex alcalde a la cárcel. Y allí recién se enfermó. Como si su organismo hubiera tardado el salvar al cuerpo. Carrasco corrió la misma suerte, aunque no en la cárcel, fue retirado del cargo en medio de la supuesta enfermedad. Destinos enfermos.

En ninguno de los tres casos, los alcaldes provinciales fueron llevados a un penal. Tampoco fueron sentenciados.

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