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Los 'Pishtacos y el terror que desataron en Huancayo hace 35 años

Los primeros detenidos habrían matado a por lo menos 26 personas y la policía los investigó, sin embargo todo se “congeló” en Lima

Los 'Pishtacos y el terror que desataron en Huancayo hace 35 años

Los 'Pishtacos y el terror que desataron en Huancayo hace 35 años

17 de Septiembre del 2016 - 09:42 » Textos: José Bendezú » Fotos: Correo

“El ‘pishtaco’ ya no es una leyenda, es real”, así es como Correo tituló una nota de todo un especial que publicó el 29 de junio de 1970.

Es quizá la única noticia, ampliamente cubierta en su momento, que tiene mayor asidero sobre estos míticos personajes, de los que se dice, matan sin piedad a personas solitarias, con la finalidad de extraerles su grasa torácica.

La publicación daba cuenta de la captura de cinco sujetos implicados en el secuestro y muerte de al menos 26 personas, todas ellas gente del campo a las que interceptaban en caminos rurales y apartados de los departamentos de Ayacucho, Cuzco, Huancavelica y Junín.

CAEN. Amador Meza Aucanqui (34) “El Zorro”, Edgard Trujillo “El Gringo”, y los hermanos Eustorcio (22), Pedro Pablo y Ruperto Martínez Rosales, fueron capturados en Tarma en junio de 1970, merced a una denuncia hecha por un campesino del valle del Ene, que aseguró a la Policía haber visto restos humanos en un fundo agrícola. Esto, al parecer, fue el hilo de la madeja que llevó a la Policía a detener progresivamente a toda una banda dedicada al tráfico de carne humana.

EL SANGUINARIO. Según los archivos periodísticos, Eustorcio, de solo 22 años, era el sanguinario del grupo, el que mataba a las víctimas a cuchillazos o machetazos. En su testimonio reconoció los hechos y dijo que se hizo pishtaco porque era un negocio lucrativo.

También señaló a la Policía que aprendió de esta actividad macabra cuando descubrió a uno de sus cómplices, esconder en la caleta de un camión, los restos seccionados de una persona. Aquella vez fue amenazado de muerte si contaba el hecho.

Enterado de que el tráfico de carne humana daba jugosos dividendos, decidió abrirse camino e iniciar junto a sus hermanos la empresa criminal, para lo cual utilizó una camioneta con la que se movilizaba por zonas altoandinas.

El grupo solía captar a las víctimas mientras éstas se movilizaban solas y urgían de traslado. Cuando la situación estaba bajo control las reducían valiéndose de diversas argucias, matándolas sin piedad, descuartizándolas y preservando sus torsos.

Los reportes señalan que era en el río Santa Rosa y zonas alejadas de La Mejorada e Izcuchaca, en Huancavelica, donde arrojaban y enterraban las cabezas y extremidades de las víctimas.

LO MÁS COTIZADO. Y así como uno compra en el mercado un producto de calidad, en el mundo de los pishtacos también debía seleccionarse a las víctimas.

En su espantosa declaración, la banda narró que por las embarazadas pagaban más, por los gordos regular y por los delgados menos. Sin remordimiento, contaron que la mayoría de las personas sacrificadas eran gestantes, quienes ya tenían una tarifa especial.

Pero también hubo otros dos implicados. “El Zorro” era el encargado de trasladar la “mercancía” hasta el acopiador, éste, quien sería “El Gringo”, recibía los restos en el distrito de Chilca para luego llevarlos al Callao, de donde partirían al extranjero.

EN PASCO. Hay más. El año 1987, en Vilcabamba, provincia Daniel Carrión (Pasco), la población se alarmó por la “presencia” de los pishtacos, “que pretenden secuestrar a campesinos en horas de la noche, con propósitos desconocidos, por lo que los vilcabambinos ya no salen de sus casas a partir de las 6 de la tarde” (reza una nota de Correo de ese año).

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