
"Indecopi y los Organismos Reguladores: ¿realmente necesitamos un cambio? "
Columna de opinión
Probablemente sí. Como toda institución (ya sea estatal o privada) diseñada y administrada por seres humanos, ciertamente la estructura y la performance del Indecopi y de los Organismos Reguladores pueden ser mejoradas en muchos aspectos. En particular, se necesita dotar a estos organismos de mayores facultades de investigación, de mejores herramientas tecnológicas, de mayores recursos y capital humano.
En el caso del Indecopi, resulta muy complicado realizar investigaciones a profundidad sin tecnología, sin logística y sin apoyo policial efectivo. ¿Puedes, por ejemplo, combatir a un sofisticado cártel de precios si no puedes intervenir a 3 o 4 empresas a la vez porque no tienes personal suficiente ni vehículos? ¿Puedes fiscalizar una práctica poco transparente de una tienda de retail que tiene 20 locales sin dichos recursos? Pese a estas limitaciones, Indecopi se ha posicionado como una de las agencias de competencia líderes de Latinoamérica, tanto por sus resultados como por la calidad de sus decisiones. Ciertamente hay cosas que mejorar. En muchos casos he discrepado y criticado sus decisiones, pero es innegable que Indecopi es una buena agencia de competencia. Debemos reforzarla para que siga en la misma senda.
No obstante ello, hay quienes, aprovechando la coyuntura, piden un cambio radical de enfoque. Una visión "nueva" (calificación ciertamente cuestionable) que busque que se incremente la calidad y bajen los precios, hasta llegar a ser "justos". Se hace incluso un llamado a que quienes "no comparten la nueva visión, den voluntariamente un paso al costado y permitan que la transición sea ordenada". Se reclama, asimismo, una mayor intervención de oficio de la autoridad, "sin que el ciudadano tenga que sufrir el costo y el tiempo de reclamar". Aunque quizás bienintencionada, consideramos que quienes piden un cambio radical en Indecopi y en las reguladoras parten de una falsa premisa, pues parecen creer que tanto la regulación como las normas de competencia (en sentido amplio) buscan sustituir al mercado. En el caso de las normas de competencia, resulta evidente que una autoridad no debe buscar aplicarlas para llegar a resultados concretos (léase un precio o una determinada condición comercial "justa") sino más bien para cautelar el proceso competitivo, que es el que nos asegurará el mejor resultado posible. Pero incluso en el caso de los mercados regulados, las normas e instituciones no deben buscar reemplazar por entero al mercado, sino que deben ser flexibles y apuntar específicamente a los "cuellos de botella" que impiden o afectan el proceso competitivo. Se habla así de "regulación para la competencia" en vez de "regulación de la competencia".
El pedido de mayor acción estatal y menos costos para los consumidores, en segundo lugar, parece más razonable. No obstante, no debemos perder de vista el costo administrativo que ello representa, costo que no siempre las entidades estatales están aptas de asumir. Asimismo, no debemos olvidar los incentivos perversos que generaría en términos de reclamos reducir demasiado su costo. Como en cualquier tipo de producto o servicio, un menor precio para los reclamos aumentaría su demanda (incluso si un caso no tiene un gran porcentaje de posibilidades de ser declarado fundado), lo cual puede significar un uso ineficiente de los recursos de la entidad.
Esperemos, en todo caso, que cualquier cambio que se realice del Indecopi y de los Organismos Reguladores sea uno realmente necesario y eficiente, no una innecesaria "gran transformación".