
"Los Humala y el poder"
El Viejo Reino
Supongo que para muchos resulta frustrante que un hombre que se ha elevado a la Presidencia denunciando la podredumbre corrupta de nuestra República se convierta en el protagonista de un escándalo provocado por su propio hermano. "Si quieres probar el carácter de un hombre, dale poder", reza la frase. La dijo primero Pítaco de Mitilene, uno de los 7 sabios de Grecia, y después Abraham Lincoln, un presidente liquidado por el fanatismo primitivo. En el caso peruano, el poder ha transformado a todos nuestros gobernantes, provocando en sus cabecitas un soroche político nefasto, un mal de altura que se refleja, sobre todo, en sus más graves errores.
El viaje de Alexis Humala a Rusia está íntimamente ligado al concepto de poder que maneja su familia. Para el clan Humala, como para casi toda la galería de políticos que adornan nuestra historia, el poder es una ambrosía que debe ser paladeada hasta el final, sin importar quién caiga en el camino. Así, el gobierno se transforma en la extensión del interés del partido y el Estado en el coto privado del presidente y sus lacayos. Son muchos los peruanos que creen en la buena fe del humalismo. No me cuento entre ellos. Desde que leí los bodrios simiescos perpetrados por Antauro Humala, y tras seguir por años la carrera política de Ollanta, soy un convencido de que el humalismo y su engendro racista, el etnocacerismo, son desviaciones demagogas que ocultan, como casi todo en nuestra historia, una asquerosa e irrenunciable sed de poder. Por eso, cuando el buen Alexis viajó a Rusia representando a su hermano, lo hizo en su ley, absolutamente convencido de que el Estado Peruano es la nueva chacra de su familia, un botín ganado en justa lid, que él y los suyos pueden ofertar y prostituir sin necesidad de explicaciones o formalismos, saltándose todos los cauces diplomáticos y las políticas de largo aliento. Una chacra que sirve, entre otras cosas, para "hacerlos famosos", como él mismo apuntó, con cacha y prepotencia. Famosos sí que se harán. A costa de nosotros.
Los Humala son el producto de una cultura política autoritaria que convierte al Estado en el meadero del presidente de turno. Su nacionalismo siempre me pareció una burda fachada repleta de hipocresía, prolijamente construida con el fin de acceder al poder y consolidar una empresa particular: Humala S.A. Dos actos recientes han confirmado esta, mi vieja impresión. Primero, el sometimiento del presidente a sus antiguos enemigos: Chile y Estados Unidos. La vergüenza que uno siente al ver al Inkarrí nacionalista de besamanos en besamanos es insoportable. Y, en segundo lugar, el falso, incompleto e interesado antiimperialismo de la familia Humala. Sólo un fanático como "don" Isaac puede sostener la superioridad de la raza cobriza. Pero hace falta ser, como sus engendros, una banda de impostores consumados para afirmar que el imperialismo estadounidense es negativo mientras se oferta el país a otros imperios como el chavista, el brasileño y el ruso, todo a la velocidad de la luz. A estas alturas, es obvio que los nacionalistas no eran tan nacionalistas. No hay patriotismo ni honestidad en su política. Hoy, con el affaire del hermano que vino del frío, han quedado desnudos. Y tú, sinceramente, ¿todavía les crees?
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