
"Los partidos políticos"
La prensa
En 2009 había en nuestro país 22 partidos políticos registrados. Ese mismo año, la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) informó haber vendido 242 kits electorales, mediante los cuales cualquier grupo de personas podía recabar las 145,057 firmas autenticadas que el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) exige para reconocerlo como un partido político.
En el supuesto de que los 242 kits hubieran sido escrupulosamente cumplidos (sin contar los que se siguieron vendiendo), tendríamos hoy 242 nuevos partidos que, sumados a los 22 existentes, arrojarían la impresionante suma de 264 partidos políticos. Esta cantidad no alarma tanto como la facultad que tienen ellos de inscribir 130 afiliados o incondicionales como candidatos a congresistas.
Es cuestión de multiplicar 264 partidos por 130 candidatos para darse cuenta de los 34,320 que entran en la puja por llegar a una curul dentro del Congreso. Los partidos tienen que hacer entonces una selección de méritos, billeteras y/o compadrazgos. Esto explica la realidad.
¿Cuánto le cuesta a cada partido esa facultad? Sólo 78 soles. ¿Y cuánto le cuesta al país? Por lo pronto, 95,534 millones de soles mal asignados o despilfarrados en el presupuesto que se acaba de aprobar. Y, lo que es aún peor, cuestan también las decisiones arbitrarias contra la libertad y el derecho de las personas.
Los partidos políticos han desaparecido prácticamente en el Perú. Una "valla'" porcentual del electorado, impuesta por la ley, ha obligado a alianzas que son simples mazamorras ideológicas que nunca podrán suplir la entraña misma de la democracia y del partido político, estemos o no de acuerdo con ellas.
Las firmas, los kits, los compadrazgos o las mazamorras de las actuales alianzas no pueden suplir el mecanismo milenario del partido político aferrado a una ideología. En el Perú necesitamos ideas que reúnan los sueños, imaginarios o realistas, que en la historia política llevaron a los pueblos a realizar sus grandes sueños o sus grandes fracasos.
Las ideologías han estado siempre asociadas al sueño o al empeño de alguien, llámese en el Perú Piérola, Mariátegui, Haya de la Torre o Pedro Beltrán. ¿Qué tienen que hacer los kits, las firmas o las leyes electorales con esos sueños y realizaciones? El laissez-faire fue la anticipación ideológica de la globalización actual y del mercado común, y el sentido común de Paine fue la anticipación del liberalismo democrático estadounidense; o el conservadurismo de Burke fue también el de los tories o del tea party que desespera a Obama.
Todo esto implica la necesidad de regresar en el Perú al histórico sistema de partidos políticos con exclusión del número de firmas, kits, porcentajes del electorado como "valla" y todo aquello que restrinja su inscripción; y, por tanto, es necesario más bien revisar la ley de partidos políticos para garantizar lo que hace partido al partido político: (a) una organización que garantice su estabilidad; (b) dedicada a la organización de la sociedad en que vive; (c) con claras ideologías en interés de grupo; y (d) sectores sociales representados por ellos
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