
"Los tres cañones de la izquierda "
La prensa
A los cinco meses de haber asumido el poder la izquierda peruana muestra, por su gravedad, algo más que un simple cambio de rostros o de estilo; muestra, en los hechos, que el arte de esa izquierda sigue siendo el de agitar antes que gobernar y el de consumir antes que producir. Ese descontrol ha obligado al jefe de Estado a declarar estado de emergencia. Esta izquierda en el poder -que inicialmente dio la impresión de haber adquirido cierto realismo político- ha empezado, en cambio, a dar muestras de una grave desarticulación interna y a empezar a usar una escopeta no de uno ni de dos sino de tres cañones.
Uno de tales cañones es la "hoja de ruta" de Ollanta Humala, el otro es el "Plan de Gobierno" a que se aferra en el Parlamento Gana Perú y el tercero es el fanatismo o protagonismo de las bases del Partido Nacionalista, que encabeza el presidente regional de Cajamarca. Pero los tres cañones no apuntan en la misma dirección. Como es obvio, el fuego cruzado desde un mismo partido crea como resultado un vacío de poder que ninguna sociedad puede resistir por mucho tiempo. El presidente Humala lo ha comprendido, finalmente.
Pero lo que parece predominar en las tres direcciones a las que apunta el fuego es la entraña estatista que las vincula. Los tres cañones disparan en una misma dirección: imponer el estatismo. Los peruanos tenemos una rica experiencia en cuanto a estatismo. Es lo que hizo en 1968-1980 el llamado Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada. Durante esos doce años gobernó al Perú con mano dura pero más grande y duro desacierto. Es el régimen al que adhiere hoy con las veras de su corazón y su bolsillo buena parte de los altos funcionarios del actual régimen.
¿Los peruanos han perdido la memoria de esos doce años? Al margen de la conculcación de las libertades personales y de la confiscación de todos los medios de comunicación social -de por sí la más grave violación que se pueda perpetrar-, el estatismo de ese régimen de izquierda nos dejó 174 empresas públicas o estatizadas con pérdidas y deudas millonarias que el país (y no desde luego los estatizadores) tuvo que pagar en lo que fue la pesadilla de los siguientes años.
Una revisión de cifras en esos años revolucionarios muestra el inicio de la inflación, la debacle de la agricultura peruana (¡hubo incluso que importar papa!), un gasto corriente desbocado dentro de un presupuesto que, a puerta cerrada, debatían sólo los generales; el aumento de la deuda externa, la estatización de la industria pesquera, que llevó a una inversión pública treinta veces mayor de la que se dedicó a la educación y a la salud de los peruanos. ¿Es que entonces la izquierda no tenía idea de lo que hoy llaman " inclusión social" y "lucha contra la pobreza"? ¿O es que hubo otro patrón que comía de su pobreza?
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