
"¿Quién entiende a la izquierda?"
La prensa
Las contradicciones internas en la izquierda recién llegada al poder han pasado ya su primera factura: cambio de ministros. A nadie le llamaría la atención si se tienen en cuenta los desaciertos y las "metidas de pata" del anterior gabinete, al mismo tiempo que el doloroso espectáculo de un congreso que se descubre a sí mismo como un pozo de escándalos.
La izquierda que ha accedido al poder está perdida en el túnel del tiempo. Algunos parecen no haberse dado cuenta todavía de que la Guerra Fría ya terminó y que la China de sus amores ya no es socialista sino capitalista en la peor de las versiones. Mao es apenas un cuadro colgado en la pared. La influencia que prevalece es la de Deng Xiao-ping , quien, como se sabe, no le hacía ascos a los millonarios. Hoy son más que muchos en China los que, como ocurre en el gremio mundial de millonarios , se dedican en buena parte al deporte de buscar paraísos fiscales.
Las contradicciones son abundantes: en Grecia los trabajadores portuarios están contra la privatización que se hace, sin embargo, en beneficio de una empresa china; después de ocho años de despilfarro y pachamanca presupuestal, la izquierda española (PSOE) se ha visto precisada a imponer una política fiscal abiertamente neoliberal y a proponer una reforma laboral que rebaja sueldos
La izquierda peruana es -se me ocurre- bastante temperamental. Pero, claro, como la política no se queda ni en las frases ni en los gestos, cada temblor político o cada enfrentamiento con la realidad les parece terremoto. Se desgarran entonces las vestiduras y profieren alaridos. Pero lo que está en juego no es la derecha, la izquierda ni el centro sino la capacidad de cualquiera de ellos de atraer el capital que el ahorro nacional no ha podido lograr. Pero la chispa del conflicto con el sector radical al interior de la izquierda es otro cuento. Consiste en el dilema oro-agua, no resuelto hasta el día de hoy.
¿Quién tiene la culpa? Sin ninguna duda, la defectuosa y precipitada regionalización que el presidente Toledo impuso al país. La confusión de instancias y autoridades ha impedido el esclarecimiento de las competencias respectivas y de saber definitivamente si por el oro nos quedaremos sin agua o si por el agua nos quedaremos sin el oro y, además, sin la inversión y, por, tanto, sin el trabajo de muchos peruanos.
Los presidentes regionales, inducidos por otros o ebrios de poder, pretenden ser algo más que dueños de una región, de su territorio y de sus habitantes. Pese a algunos límites impuestos, confunden o ignoran los alcances del Estado Nacional e ignoran también su composición. Confunden Estado con gobierno y gobierno como transferencia al gobierno regional. Nuestra Constitución es clara: el territorio del Estado -no de la región- comprende el suelo, el subsuelo, el dominio marítimo, lecho y subsuelo, y el espacio aéreo. ¿Cómo así pretende jurisdicción sobre minas, lagunas y fuentes de agua?
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