
"Generaciones"
Columna de opinión
Dos semanas atrás fui padre por primera vez. Y pocos días después perdí a mi padre. El fin de semana, sin saber bien por qué, busqué un libro que me acercó más a él: "Así se hizo el Perú", un trabajo intenso y muy didáctico del periodista y escritor Federico Prieto Celi (compañero de carpeta suyo en el colegio Recoleta, a quien admiraba mucho).
El libro es prácticamente una reseña de la vida de mi padre y de los de su generación. Empieza con el gobierno de Prado en 1939 (año de su nacimiento). Pasa por Bustamante ("los años agitados"); Odría ("dictadura y progreso"); Belaunde I y II (el gran chasco); los militares de los 70 (lo peor en su memoria); García I (las vacas más flacas); Fujimori (la gran esperanza y el desplome final). Y termina con Paniagua, Toledo y García II. Todo un repaso peruano y acucioso lleno de detalles y anotaciones memorables.
Para mi padre, lo peor para el Perú fueron esos años con Velasco contaminándolo todo, acabando con los esfuerzos, generando odios inútiles. Prieto Celi sostiene que él (y por supuesto mi papá) pertenecen a una generación perdida o, por lo menos, frustrada: "Una generación, en consecuencia, preocupada por la supervivencia, agitada por el quehacer diario para no sucumbir".
El posgrado en arquitectura de mi padre fue en una universidad belga de sesgo marxista, la misma que le cambió la vida pero que no logró cautivarlo ideológicamente. Por el contrario, miraba con lástima a aquellos condiscípulos suyos que luchaban por el "proletariado" y se enfrentaban a los "cerdos burgueses" en los 60 y 70, y que hoy no se pierden un coctel, una foto en Cosas, el BMW, una presentación de libro con anfitrionas bellas, galletitas finas, caviar. Esa generación a la que se refirió Prieto Celi le debe muchas de sus frustraciones a los ideólogos farsantes (junto a los eternos mercantilistas, una combinación tan peruana como detestable).
Durante toda mi vida discutí de temas políticos con él. Se sentía avergonzado por las malas decisiones políticas de su generación. Indignado con aquellos falsos profetas que tanto contaminaron y desperdiciaron. Pero se sentía, al final, también como un orgulloso sobreviviente. Casi un portador de salvavidas de este Titanic que hemos tenido por país, y que le había propinado golpes de Estado, guerrillas, terrorismo, hiperinflación, shock económico (otro compañero de clase fue Hurtado Miller), terremotos terribles (1940, 1970, 1974), presidentes muy malos. Sin olvidar la debacle de Lima y el tráfico terrible que nunca asimiló. No es poca cosa superar todo ello y además haber sido un hombre correcto y feliz.
Me he pasado un fin de semana completo recordando a Tommy, mi papá. Cada conversación de esas que teníamos la quiero guardar con siete llaves para no olvidarme de qué cosa es ser peruano, qué hace falta. Y qué no se puede volver a permitir, por el bien de su única nieta recién nacida y de las nuevas generaciones. T.V.V. (1939-2011).