
"Terror en las elecciones del CAL"
Como colegiado común y corriente del "Ilustre Colegio de Abogados de Lima" (CAL), cumplo con informar sobre mi hastío frente al burdo espectáculo electoral de todos los años, para las famosas elecciones del CAL.
Todo avalado, claro, por muchos de los que después terminarán tomando el control del colegio. Porque ellos ven todo lo que pasa y participan en este bizarro juego electoral con activistas afiebrados, acróbatas, payasitos, música estridente (e imagino que el próximo fin de año se incorporarán magos y adiestradores de animales). "De otra manera, no la hacemos", habrá pensado el candidato.
Avalado también por colegiados irresponsables y mayorías insensatas que aceptan regalitos y calendarios. ¿Y recuerdan el duelo Santistevan de Noriega vs. Ñique De la Puente? Ganó Ñique (sin comentarios), quien luego fue inolvidable candidato presidencial.
El cuadro es aterrador. En los últimos años he llegado a ver de todo, incluyendo a un candidato de la mano de una inocente niña con el rostro quemado. Ella misma le pedía a los votantes apoyar al que "la iba a ayudar". Recuerdo también una bronca entre partidarios rentados de candidatos mientras hacía cola con mi amigo el jurista Christian Donayre. Nos cayeron porrazos inolvidables mientras vociferaban: "Mi candidato es mejor que el tuyo"; "llévate tus cartelones"; "si te veo, te rompo la cara". Es decir, el desmadre.
Muchos prefieren evadir el mal rato y pagar la multa. Eligen no ver la realidad. ¿Qué pasa con los coleguitas misios pero responsables que no pueden pagar la abultada pena?
Para esto, nos preguntamos: ¿promueve el CAL un verdadero cuidado de los estándares éticos de los abogados? ¿Brinda capacitación de primer nivel? ¿Eleva el nivel profesional? Días atrás, Alfredo Bullard propuso la idea de la eliminación de la colegiación obligatoria (o, al menos, que se permita la libre constitución de colegios de abogados). E hizo notar que el ingreso a la orden está básicamente relacionada a copiosos pagos. Lo que es cierto. Llamen o revisen su página web.
En EE.UU., un requisito común es aprobar un riguroso examen de ingreso al Colegio de Abogados de un Estado. El CAL, por su parte, cobra por un mini-curso elemental y obsoleto. Por tanto, se puede decir que si pagas entras.
También en EE.UU. se han dado el lujo de expulsar a un Presidente de su colegio de abogados (Nixon en Nueva York), así como a un Vicepresidente (Spiro Agnew en Maryland). Y suspendieron al Presidente Bill Clinton (en Arkansas). ¿Imaginan casos así en nuestro politizado medio? Recuerdo el caso de Montesinos, que ya era asesor cadáver...
El Dr. Chanamé, nuevo Decano, tiene la responsabilidad hoy (otro tema a revisar es que un año de mandato ayuda poco, y estimula la eterna campaña). Pero de no luchar por los verdaderos intereses de los abogados y construír prestigio, pues VOTO VOLUNTARIO (es inmoral obligarnos a votar acá y en las presidenciales y en todo lo demás). O mejor aún, no más colegiación obligatoria. Basta ya colegas.