
"Mi tía Rosa y la gerencia pública"
Columna de opinión
Visito con cierta frecuencia a mi tía Rosa que vive en la urbanización San Diego del distrito de San Martín de Porres. El camino hacia su domicilio está modernizado con varios bypass construidos por la administración Castañeda. Sin embargo, cuando estoy llegando a la recta de la casa de mi querida tía, llama mi atención que casi toda la avenida -que son cerca de 15 cuadras- está más de 10 años con las pistas destrozadas, con huecos por doquier y un sinnúmero de veredas rotas.
Lo peligroso que significa esta negligencia pública crece porque a un costado de la arteria surca el río Chillón, en esta época con un fuerte caudal.
Cuando veo ello, reflexiono sobre lo que no debe ser la Gerencia Pública. Administrar los recursos públicos conlleva una gran responsabilidad. Es exitoso cuando se sabe incorporar una buena dosis de destreza y habilidad que permitan hacer bastante con poco, para poder satisfacer las necesidades de la sociedad.
Generalmente, los que administran el Estado no se sienten parte de la sociedad. La mayoría de veces cuando se refieren a los males que aquejan al país, se refieren a ellos de manera distante como si no fueran a disfrutar de las obras públicas que podrían generar para el futuro.
Los administradores públicos parecieran que andan en "burbujas burocráticas"; la mayoría de alcaldes están rodeados de aduladores y llenan los escritorios de los municipios con la gente que les hizo propaganda en la campaña electoral.
La burocracia estable en las comunas simplemente no existe. La administración nueva usa por lo menos los seis primeros meses del gobierno edil para expectorar a los empleados que fueron colocados por el alcalde anterior. ¿Con esa lógica se puede administrar eficientemente los recursos públicos?
Los funcionarios que dirigen instituciones deben saber diferenciar entre los funcionarios políticos de aquellos cuya labor es únicamente técnica. No me cansaré de escribir que los países que lograron el desarrollo lo hicieron bajo cuerpos técnicos estables, donde el funcionario de confianza se encarga de diseñar las políticas públicas, dejando para el funcionario técnico su ejecución.
¿Qué papel cumple la Autoridad del Servicio Civil (SERVIR), que tiene como principales objetivos modernizar las instituciones públicas -llámese el gobierno nacional, los gobiernos regionales y las municipalidades- , profesionalizar la función pública y desarrollar una mayor capacidad gerencial?
Hasta el momento dicha institución ha hecho muy poco pudiendo hacer muchísimo más; fue fundada en el 2008 y a la fecha sólo ha colocado a 110 funcionarios en 13 entidades del Estado, cuando sólo las municipalidades son más de 1800, sin contar los 25 gobiernos regionales y demás dependencias del gobierno central u organismos descentralizados y autónomos.
La próxima semana iré a ver a mi tía Rosa y, seguramente, otra vez, nos lamentaremos juntos de la deficiente gerencia pública del país. Pero esto puede cambiar si se instaura en nuestra política una visión de país que no se interrumpa cada vez que se eligen nuevas autoridades, volviendo atractiva laboralmente la función pública para que los profesionales de valía no sólo opten por la empresa privada.
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