
"Clientelismo sin partidos"
Persiana Americana
¿Ya le llegó el email de Ms. Stone? Las tías regias de la Lima GCU (incluidas alguna prima de la alcaldesa) se escriben correos electrónicos para despertar la sensibilidad social con vista al Golf. Susan de Un Mundo para Julius está 40 años más tía, pero vigente. "Compre arroz en bolsa transparente en Wong", dicen. Como si la vida fuera tan fácil. Cómo si el clientelismo lo fuera también.
El clientelismo es una técnica sofisticada, no una reacción causada por el miedo de las botas que suenan acercarse a Palacio. Hay dos tipos de clientelismo: el que funciona por miedo; y el que funciona por agradecimiento. El primero es el más eficiente. El clientelismo es un contrato en el que hay que asegurarse que las partes cumplan con el acuerdo. Es fácil comprobar el que da; es difícil hacerle seguimiento al que recibe. Ahí entran a jugar el partido, la organización política, el monitoreo, la supervisión de que el trato se cumpla. Todo ello para provocar la sensación en el cliente, que el voto no es secreto, y que los operadores políticos tienen mil ojos y mil oídos, al punto de poder averiguar por quién votó. Así que más le vale cumplir con su parte.
Pero en el Perú, eso ya pasó. Eso fue el clientelismo desde el aparato estatal, o sea desde Foncodes o desde los comedores populares: "Si no votas por el Chino, ya tú sabes". Sin aparato, sin partido, sin acceso al Estado, sin capacidad de atemorizar ni chantajear, lo que queda es un clientelismo de agradecimiento.
Ahí aparece de nuevo Ms. Stone (señora Macarena o como se llame).
El clientelismo peruano actual sólo funciona cuando es personalizado, cuando los réditos electorales pueden llevarse un candidato al Parlamento, o un alcalde provincial.
Acuña no contribuye al respaldo de PPK, pero sí para que su hijo y su compadre salgan de congresistas. Luna no trabaja para que Castañeda gane, pero sí para ser reelecto.
Ningún partido controla los aparatos clientelares (como en Colombia), éstos viven por sí solos, pero fragmentariamente: en La Libertad, en Ayacucho, en Cajamarca, en Lima-provincias.
Como no hay técnica, el clientelismo que se practica ahora es ineficiente: no calcula cuál es su target político (¿sus seguidores, sus simpatizantes, los independientes, los rivales?), y solo intuye que tiene que distribuir entre los pobres (cuando se ha comprobado que puede ser más eficiente distribuir a las clase medias). Es un clientelismo que se mueve a ciegas, de puro prejuicio. Entonces Ms. Stone y amigas sólo tendrán un impacto para despertar el recuerdo (la memoria no es sólo de los caviares) de que "todo tiempo pasado con el Chino fue mejor".
Aunque claro, el clientelismo no decide quién gana una elección, pero ayuda.
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