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Café de Lima: un poquito más que café

Una propuesta que se hizo conocida por el saber popular en la capital. Apuesta variada para todo momento del día.

Café de Lima: un poquito más que café

16 de Octubre del 2016 - 14:46 Javier Masías

Por Javier Masías @omnivorusq

Pensando en resolver los múltiples caprichos del limeño antojadizo, la cafetería a la limeña sirve algo más que café. Lo habitual es encontrar sándwiches, platos simples -ensaladas, pastas, sopas, pastelitos-, jugos y algo de alcohol. El objetivo es responder al desayuno tanto como al almuerzo y la cena, con cantidad suficiente y calidad acorde con el precio. Las cafeterías limeñas, a fin de cuentas, son espacios para cualquier hora, cualquier día.

Uno de los establecimientos de los que más se habla últimamente es Café de Lima, y eso a pesar de que no han hecho demasiada alharaca mediática. Ayudan la ubicación en una excelente zona de Miraflores, un espacio enteramente disfrutable -con distintas formas de sentarse e interactuar-, un servicio atento que oscila de regular a excelente y el boca a boca de un puñado de habitués satisfechos y emocionados por un lugar que da un poquito más de lo que ofrece.

Tiene dos cartas, una para el desayuno y otra para el resto del día. La primera ofrece el típico carrusel de huevos en distintas formas, panes hechos en casa, un par de bowls de fruta y sánguches.

Algunos llaman la atención, el de pulpo y el de mariscos, el segundo mejor que el primero. Se trata de una croqueta de mariscos con criolla en buns orientales, impecable. El de pulpo tiene varios problemas, el primero es la cantidad de pulpo y el segundo, la elasticidad del pan, muy chicloso. Los waffles de brioche pasado por masa de crepe carecen de refinamiento, pero son una indulgencia tan confusa como sabrosa. El café, sin ser espectacular, está bien.

El resto del día ofrecen pizzas, linguini, algunas sopas, ensaladas y poco más. Las ensaladas están bien pero los linguinis no tanto. Su versión del caccio e pepe se llama Massimo, pero debería llamarse mínimo: no es incomible, tampoco disfrutable. Mejor elegir el Foresta, con tocino, hongos y unos tomates espectaculares, o el de vóngole, peruanizado con un toque de rocoto. Las pizzas tampoco están mal, aunque cualquier superlativo quedaría sobrando. La carta dice que las masas fermentan 36 horas, pero no se nota. Lo que te ponen encima suele ser de buena calidad, así que en cuanto a pizza, es solo más de lo mismo.

Café de Lima cumple con ofrecer una comida satisfactoria y suficiente a un precio coherente. Ocasionalmente brilla en preparaciones sencillas, pero falta trabajar algunas cosas. A pesar de ello supera con facilidad a otros comercios de sesgo similar, así que como recién empiezan, cabría esperar solo mejores cosas.

Café de Lima

Av. Angamos Oeste 100. Telf. 619 9580. De lunes a domingo: desayuno, almuerzo y cena.

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Javier Masías

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Omnivorus quisquillosus