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Experimentar para conocer

Sabores exóticos en un viaje de descubrimiento. Muchos clientes vienen a tu restaurante porque vieron una foto, o alguien conocido les compartió en redes imágenes de tu sala

Experimentar para conocer

02 de Abril del 2017 - 13:12 Virgilio Martínez

Ayer por alguna razón mencionamos en una conversación a la gamitana. Habíamos estado discutiendo los pros y contras de hacer un criadero, como uno que oíamos que se había creado en Puerto Maldonado. La gamitana es un pez de río y cochas, de dientes grandes y fuertes para comer de todo (insectos, frutos, semillas, etc) y espinas gruesas. Lo sé porque en automático recurrimos a Google para “hablar con autoridad”, así de fácil.

Y entonces pienso en lo práctico que es ahora encontrar información específica, y que en el momento, nos satisface y podemos con ese poco hasta tomar decisiones, o ser creativos. Terminamos rompiendo el silencio que aparece con la pregunta de alguien: ¿Y eso qué es? Tecleando las letras y leyendo en voz alta lo que aparece.

Muchos clientes vienen a tu restaurante porque vieron una foto, o porque alguien conocido les compartió en redes imágenes de tu sala o del bar. Alguien leyó comentarios sobre cada paso de tu propuesta, posó con un cóctel en la mano, revisó críticas o se dio el tiempo de ver videos. Entonces se puede decir que vienen a un lugar esperado. A veces hasta con una idea fija de lo que pedirán, dónde quieren sentarse, o el rincón del restaurante que quieren reconocer.

La verdad es que no importa cuánto material existe en línea o que se comparta sobre tu lugar, nunca será lo mismo que visitarlo en vivo. Que pasar por la entrada y que te salude alguien de servicio, y marque el tono y estilo que quieres que el comensal encuentre. La sensación de tener muchísimas opciones y ofrecerte una realidad para vivirla por completo, como un viaje propio, de sensaciones. Creemos que todavía no hay cómo compartir emociones. Veremos cómo será en el futuro.

Buscando la gamitana se nos ocurre hacer el viaje. Vayamos a Puerto Maldonado a ver a este pez amazónico, a entender qué frutas son las que come, qué semillas, qué insectos, y a ver cómo es que los pobladores la pescan, y luego la preparan, con qué la acompañan, o si la conservan, como otros que hemos visto. Si es tan rica ahí mismo, como dicen. Y cómo en esta idea de criadero están teniendo en cuenta todo su ecosistema. Seguro, como Wikipedia nos dice exactamente lo que buscamos, nos ahorraría el viaje. Pero no. Absolutamente lo contrario. Nos plantea mil preguntas.

En Asia, he podido ordenar un pescado por internet. Te llevas información tan detallada sobre la compra que puedes entrar a la página y ver videos del pez nadando, te ofrecen datos de origen, historia, comportamiento, de qué se alimenta, si es sostenible, si cumple con esta certificación o la otra, etc. ¿Se imaginan llegar al punto en el que el viaje para conocer algo no es necesario, porque tienes videos de lo que llega empacado a la puerta de tu casa gracias a un gran courier? Y te llega con todo lo que necesitas saber. O mejor dicho, lo que te dicen que es necesario saber. Se podría pensar que no hay más por descubrir, pero si se trata de un pez de la selva, tomando el ejemplo de la gamitana, nunca habrás sentido la temperatura de esa agua ni habrás visto qué otras cosas hay alrededor, no habrás hablado con los locales ni habrás escuchado sus cuentos o mitos amazónicos, no habrás visto a los niños jugando alrededor de esa cocha. No habrá contacto. Cómo cocinar y lograr que se te ocurran ideas nuevas si no hay lecciones. Ese mundo moderno, donde seguramente mi hijo tendrá opciones ilimitadas, espero que sea uno donde no se pierda la curiosidad. Y se sigan haciendo los tan fundamentales viajes y se siga experimentando para conocer más.