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​Miedo profundo: A merced del tiburón

Jaume Collet-Serra cuenta la historia de una surfista que pasa la peor experiencia de su vida en una solitaria playa mexicana

​Miedo profundo: A merced del tiburón

26 de Agosto del 2016 - 21:25 Enrique Silva Orrego

“Miedo profundo” (The shallows) existe gracias a Spielberg, es decir, a su taquillera película “Tiburón” (1975). Dicho de otra manera, la cinta del catalán Jaume Collet-Serra no sería posible si al veterano Steven no se le hubiera ocurrido llevar a la pantalla grande la increíble historía de un gran escualo amenazando a todo un balneario durante el verano.

Claro que la cinta de Collet-Serra, muy a la sombra de su tamaña predecesora, no tiene la misma ambición y tampoco la necesita. Su eficacia narrativa, pese lo inverosímil que por momentos bordea su propuesta, se pone de manifiesto en la hábil concentración de espacio y tiempo. Además, la odisea que vive su protagonista está muy bien barajada con la atractiva presencia de Blake Lively, a quien el cineasta luce y explota a sus anchas.

La curvilínea actriz interpreta a Nancy, una surfista que, muy lejos de casa, llega hasta una solitaria playa mexicana dispuesta a superar la pérdida de su madre practicando su deporte favorito. Con lo que no ha contado -porque sería tremendamente difícil de imaginar- es que un inmenso tiburón blanco, después de atacarla y herirla, pondrá en jaque su vida al impedirle regresar a la playa desde un pequeño islote a 200 metros de la orilla.

SENSACIÓN DE CLAUSTROFOBIA. El realizador, quien ya demostró su habilidad para el terror (“La húerfana”) y el cine de acción (“Non stop: Sin escalas”, “Una noche para sobrevivir”), controla el mecanismo de la narración en todos sus detalles y provoca una extraña sensación de claustrofobia en medio de un escenario abierto. Una exposición al peligro complementada por imágenes de recuerdos familiares de la muchacha y la curiosa y única compañía de una gaviota con el ala rota a la que se empeñará en salvar.

El guión de Anthony Jaswinski contiene buenas ideas que la puesta en escena desarrolla con el mejor pulso. Por ejemplo, el hecho de que Nancy tenga una herida profunda en la pierna que, además de poderse gangrenar, le impide nadar a voluntad e intentar retornar a la costa. Igual ocurre con la aparición nocturna de un borracho en la playa, cuyo trágico destino se fija en un expresivo plano del rostro, de la aterrada mirada de la surfista.

En el desenlace hay varias escenas que recuerdan al “Tiburón” de Spielberg, no como un remedo o plagio, sino más bien como una suerte de tributo. A lo que Collet-Serra agrega una ingeniosa secuencia en un banco de medusas, como para que la protagonista sufra hasta el límite de lo soportable la ya de por sí inimaginable situación extrema que le ha tocado vivir.

“Miedo profundo” termina siendo una experiencia divertida y aterradora a la vez, en la que lo verdaderamente importante no es el espesor psicológico de sus escasos personajes, sino el trámite directo al corazón de la aventura. Ciertamente, hay que destacar la efectiva utilización del paisaje marino y la inolvidable participación de la bella Blake Lively.

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Enrique Silva Orrego

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