Temas

Chimbote: Entre rezos, música, bebidas y bailes, porteños recuerdan a sus muertos

En el Día de Todos los Santos, chimbotanos acudieron hasta el cementerio para visitar a los seres queridos que ya no los acompañan. Correo realizó un recorrido por los distintos pabellones del campo santo Divino Maestro para conocer las originales formas de celebrar esta fecha y la historia detrás de las mismas

Chimbote: Entre rezos, música, bebidas y bailes,  porteños recuerdan a sus muertos

Chimbote: Entre rezos, música, bebidas y bailes, porteños recuerdan a sus muertos

02 de Noviembre del 2016 - 08:56 » Textos: Gonzalo Horna » Fotos: Correo

Una vela, flores, cánticos, una oración o simplemente pararse al frente del nicho. Distintas fueron las formas de recordar a ese ser querido que ya no está ayer en el cementerio Divino Maestro de Chimbote, en el marco de la celebración del “Día de Todos los Santos”. El silencio usual de este campo santo, se vio interrumpido por la gran cantidad de bandas de músicos que los visitantes habían contratado para homenajear a su ser querido.

Aunque en algunos casos este recuerdo se expresaba a través del baile o un brindis con una cerveza, en el fondo el vacío que dejó esa persona, aún seguía ahí.

PESE A LOS AÑOS. El señor Ramiro Meléndez Rojas y su esposa (de casi 70 años) visitan fielmente la tumba de una hija Abigail Meléndez, que falleció cuando apenas tendía un año y medio.

La primogénita de su generación llegó a este mundo - aunque por breve tiempo - cuando ambos tenían apenas 20 años.

El señor Ramiro limpia el nicho de su bebé que se encuentra en el pabellón mientras que su esposa llega con las flores que servirán para adornar el nicho de marmol de su hija. Cuenta que una enfermedad extraña le quitó la vida. Ellos pensaban que se trataba de “el mal del ojo” (conocido así en el argot popular) y que iba a pasar rápido,pero no fue así.

“Para las fechas especiales siempre venimos, siempre nos acordamos, aunque pasen los años, fue nuestra primera hija” comenta el señor Ramiro.

JUNTOS POR SIEMPRE. Los esposos Octavio Vergaray y Trinidad Vega de Vergaray están enterrados prácticamente juntos. Fue su deseo en vida y sus hijos lo cumplieron.

La familia completa de esta pareja acude siempre en el “Día de Todos los Santos” con alimentos, música, gaseosa y cerveza.

La señora Dora Hidalgo recuerda a sus suegros como personas alegres y siempre prestas a ayudar a quien sea. Tras bailar una cumbia, Dora se acerca hasta el nicho de sus suegros para “invitarles” un vaso de cereveza como todos los años.

EL CUMPLEAÑOS. Hoy la “mamita” Merecedes Santamaría (como aparece escrito en su lápida) cumpliría 75 años. Además del Día de Todos los Santos, su familia le celebra un cumpleaños más. Lo viene haciendo desde hace tres años en el cementerio, tiempo en el que ya no está físicamente con ellos.

Sus hijos, nietos, sobrinos y amigos han convertido el pasadizo de uno de los pabellones del cementerio en una pista de baile. Los bals y huaynos son los cánticos que un hombre contratado por la familia entona con un parlante gigante. Hay comida y bebida y en el interior del corazón la tristeza porque “la mamita Mereces” ya no está.

“Mi mamá siempre era una persona alegre. Murió de un infarto, pero siempre le gustaba la música y las reuniones así es como la recordamos todos”, dice su hija Ana Siancas con la voz quebrada.

SUS GUSTOS. Aún después de muertos, muchas personas insisten en recordar a sus seres queridos “complaciéndolos” con lo que era de su preferencia en vida. Es el caso de David Rojas, fallecido hace cuatro años. Desde que murió sus sobrinos, hermana y esposa no han dejado de acudir hasta su tumba para además de reza por el descanso de su alma, dejarle un vaso de cerveza y un cigarro.

“Nos gusta recordar los momentos felices, así como él era bromista, alegre y que siempre le gustaba su cigarro con su cerveza”, dice su sobrina.

AÚN LEJOS. Al igual que en años anteriores, la cruz de los “caídos de Cóndor Cerro”, fue el lugar elegido por quienes no tienen una tumba donde llorar o recordar a sus seres queridos.

Cientos de ciudadanos llegaron hasta esta zona del cementerio para dejar flores o una vela en memoria de sus familiares. Muchos de ellos los tienen sepultados en otras ciudades o en muchos casos están desaparecidos y no pudieron darle cristiana sepultura.

Es el caso de César Alegre, quien recuerda a su hermano mayor Hernando quien cuyos restos descansan en un cementerio de Trujillo.

Su hermano, fue el mayor de los once que conforman su familia. Además del amor de hermanos, cuenta que él era como una figura paternal. Falleció solo hace unos cuantos meses de un infarto y el dolor aún está ahí, se nota en la voz entrecortada de César.

Lo más leído