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Archivan investigación por la muerte de tres trabajadores de minera Río Blanco de Piura

Después de un año de la muerte de tres trabajadores de la minera Río Blanco, el Ministerio Público archiva la investigación. Los familiares han recibido indemnizaciones que, en algunos casos, llegan a 270,000 soles

Archivan investigación por la muerte de tres trabajadores de minera Río Blanco de Piura

Archivan investigación por la muerte de tres trabajadores de minera Río Blanco de Piura

02 de Octubre del 2016 - 09:52 » Textos: Redacción » Fotos: Correo

Ha pasado un año desde la muerte de tres trabajadores de la minera Río Blanco en las alturas de Ayabaca, Piura, y las preguntas sobre su desaparición siguen sin respuesta. La investigación fiscal, que se abrió en julio de 2015, ha sido archivada en agosto de este año; y los familiares, que eran piezas clave en la historia, fueron indemnizados por la compañía.

LOS MONTOS. En esta investigación realizada por el periodista Ralph Zapata y publicada en elpiurano.pe, se dan a conocer datos reveladores.

La historia de la expedición perdida de la minera Río Blanco Cooper comenzó el 4 de julio del 2015, cuando la joven periodista Aleida Dávila y otras seis personas contratadas por la minera partieron desde Huancabamba rumbo al cerro Henry Hills, donde se ubica el antiguo campamento de la compañía. En el trayecto se les unieron cinco lugareños, que cargaron las mochilas de los expedicionarios. La misión del equipo era hacer un levantamiento topográfico en las concesiones de la empresa y verificar el estado actual del campamento.

LOS ACOMPAÑANTES. Acompañaban a Dávila, Orlando Pastrana Quesada -jefe de la expedición-, el bachiller en Geología Manuel Herrera Peña, el cocinero Segundo Tacure Saavedra, el obrero Wilson Delgado Tantalian, la enfermera Gladys Junchaya Palomino y el contratista Edilberto Sandoval Risco. Sin embargo, estos dos últimos se regresaron en el camino hacia el campamento. Fuertes dolores de cabeza y fiebre obligaron a la enfermera a retornar a Huancabamba.

A Aleida le preguntaron si deseaba regresar, pero ella negó con la cabeza. Los cinco continuaron el viaje. En el trayecto se les unió Aníbal Herrera, quien fungía de guía y tiene una casa cerca del campamento.

Al día siguiente llegaron cuatro personas más con víveres. La misión debía demorar solo cuatro días, desde el 4 hasta el 8 de julio. Así lo estipulaba el plan de exploración que le envió, en un correo electrónico, Oswaldo Rodríguez Velásquez, jefe de adquisiciones logísticas de Río Blanco, a Mireya Castañeda, apoderada de la compañía minera.

LAS FALLAS. Según el cronograma de la minera, el martes 7 de julio la expedición debía volver a Huancabamba. Pero desde hacía dos días algo marchaba mal. El teléfono satelital había dejado de funcionar desde el domingo, y el jefe Pastrana lo regresó a Huancabamba con un empleado, para que lo carguen. Enterada del problema, la minera adquirió un nuevo equipo en Lima, que llegó a Huancabamba recién el 7 de julio. Ese mismo día se lo enviaron a Pastrana con un grupo de lugareños, que además llevaba un mensaje para el jefe. La minera mandaba decirle que era momento de retornar.

LOS ENVIADOS. El miércoles 8 de julio los mensajeros llegaron al campamento, pero no hallaron a Pastrana ni al resto del equipo. Enseguida informaron a la empresa y esta les ordenó volver a Huancabamba. El viernes 10 de julio la minera envió nuevos mensajeros que, luego de caminar dos días, tampoco encontraron a la expedición. Eso sí, notaron que las huellas apuntaban a que el grupo se dirigía hacia Ayabaca. Ese 12 de julio los mensajeros le comunicaron la noticia a Río Blanco. Incomunicados, y lejos de la zona de trabajo, la expedición ya estaba perdida.

Mientras tanto, en Piura, Río Blanco activó su plan de emergencia el lunes 13 de julio, luego de enterarse que seis miembros de la expedición estaban retenidos por una ronda campesina de Ayabaca. Ese mismo día contrataron a la empresa Northcott Global Solutions (NGS), especializada en rescate de personas extraviadas, pero sus esfuerzos fueron en vano. La ronda de Carmen de la Frontera, en Huancabamba, les bloqueó el pase hacia el campamento. Dos días después denunciaron el hecho ante la División de Investigación Criminal (Divincri) de Piura.

LOS RONDEROS. El 19 de julio el comisario de Ayabaca, comandante PNP Miguel Orozco, convenció a los ronderos de Ayabaca para que ayudaran con la búsqueda de los cuatro trabajadores de Río Blanco. Al día siguiente partieron temprano desde el centro poblado de Cabuyal, y a las 11 a.m hallaron en una casita, escondida en medio del bosque, a Manuel Herrera. El hombre había caminado cuatro días desde una laguna del Cerro Negro, donde dejó sin fuerzas a Aleida Dávila. El jefe Pastrana y el cocinero Tacure habían muerto días antes.

LA DECISIÓN. “Anda tú y busca ayuda. En mi mochila hay plata y lleva celulares, para que en el camino trates de comunicarte”, le dijo Aleida antes de despedirse. Herrera le dejó agua y medicinas para que sobreviva hasta que él vuelva con ayuda.

A las 3:00 p.m del 20 de julio, un helicóptero recogió a Herrera y lo llevó hasta una clínica de Piura, donde fue atendido. Ese día, los ronderos que encontraron a Herrera le pidieron a la Policía autorización para ir en busca de Aleida Dávila. Pero las autoridades se negaron. Dijeron que ellos, junto a montañistas de Áncash y tropas del Ejército, cumplirían ese objetivo. Los ronderos se hicieron a un lado.

Magdiel Carrión, ex dirigente de la ronda de Yanta, dijo que si ellos hubieran entrado ese 20 de julio por la tarde al Cerro Negro hubieran hallado con vida a la joven cajamarquina. “Nosotros conocemos esa montaña, y sabíamos cómo entrar y salir de allí”, dijo en aquella oportunidad. “Se perdió mucho tiempo en coordinaciones entre la Policía y la minera”. Ese 20 de julio el cielo estaba tan despejado y luminoso que parecía una invitación de los apus. Los siguientes días amanecieron nublados, con lluvia e intensos vientos que impidieron el rescate de los tres trabajadores de la minera.

Nadie entendía por qué el cielo permanecía cerrado e impedía el ingreso de rescatistas por aire. Mientras que, por tierra, las patrullas mixtas (policías y montañistas) se desorientaban, se topaban con rocas gigantes o se hundían en el fango. Algunos comuneros de la zona, avalados en sus creencias ancestrales, decían que el Cerro Negro se había enamorado de Aleida. Que no la dejaría escapar, ni haciendo pagos a la tierra. Esa montaña de Ayabaca fue la tumba de la periodista, Tacure y el jefe Pastrana.

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