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"Nada está perdido mientras tengamos vida"

"Nada está perdido mientras tengamos vida"

"Nada está perdido mientras tengamos vida"

14 de Julio del 2014 - 07:20 » Textos: Massiel Cardoza León

Mónica me mira, pero no me puede ver. Se acerca y mientras bordea mi cuerpo con sus brazos me pregunta: "Eres delgadita y alta, ¿cierto?". Yo sonrío. Es verdad. Cuando hace quince años esta mujer natal de Piura perdió la visión se dijo a sí misma que ser invidente no sería un impedimento para salir adelante porque su esperanza y, sobre todo, su creatividad permanecerían intactas. Y así fue. Hoy, a sus 45 años, asegura haber pasado momentos muy difíciles, pero pese a ello se ha convertido en una digna empresaria dueña de "Creaciones manos que ven", un pequeño negocio de diseño y confección de bolsos que fundó hace diez años.

¿Cómo perdiste la visión?

Yo tengo retinosis pigmentaria, pseudofaquia y glaucoma crónico. Nací con miopía alta y después de una serie de exámenes detectaron que tenía esa enfermedad que hace que se opaque el cristalino, que la sangre no irrigue a la retina y que poco a poco se vaya perdiendo la visión totalmente.

Al enterarte de tu diagnóstico, ¿cuál fue tu reacción?

A mí siempre me gustaba leer, pero cuando noté que iba perdiendo la vista, a pasos agigantados, entonces tuve que buscar una actividad que me generara ingresos, una manutención. Comencé haciendo pulseritas tejidas a mano y después me inscribí en un curso y empecé a trabajar con mostacillas, perlas e infinidad de materiales. Todo lo hacía de forma manual, no usaba herramientas porque podría salpicarme algún alfiler o un alambre y yo cuido muchos mis ojos.

¿En qué momento te animaste a elaborar carteras?

Cuando era joven y aún veía me gustaba mucho diseñar morrales. Entonces vi en ese negocio una buena opción. Es básicamente mi fuerte. La bijouterie me gusta, pero ahora estoy más abocada a la venta de carteras.

Emprender un negocio es una tarea difícil, ¿cómo has afrontado esta experiencia?

A mí me gusta trabajar sola porque sola me entiendo. Si me caigo, me levanto. A veces, cuando uno trabaja en sociedad es un poco complicado, porque no te tienen paciencia.

¿Cuánto has avanzado desde tus inicios?

Yo siento que he crecido mucho porque empecé vendiendo pulseras a un sol afuera de los colegios y en los parques. Todo ha sido un caminar, un visualizar en dónde podía encajar. Siento que he evolucionado. Uno tiene que crecer como empresaria, tiene que tener una visión grande y aprender de la gente emprendedora.

¿Cómo funciona ahora tu empresa?

Por el momento yo distribuyo a diversas compañías, me presento en todas las ferias y también le vendo a mis amistades. Pero es un círculo cerrado.

¿Y cuál es tu sueño?

Mi sueño es tener un lugar fijo donde vender, ya sea un centro comercial o en un bulevar. En estos lugares tu negocio se expande, incluso hasta la gente de otro país te puede comprar.

¿Te falta mucho para lograrlo?

Sí. Lamentablemente no he logrado reunir el capital necesario, no tengo las posibilidades de alquilar un local comercial porque la discapacidad que tengo requiere de un tratamiento muy costoso y de por vida. Para eso trabajo. Por eso a mí me gustaría que un alcalde me dé la posibilidad de ubicarme en algún bulevar con un módulo. Sería lo más maravilloso. Yo no me amilano, yo quiero salir adelante, quiero ser próspera, quiero tener mi tienda.

¿En qué otros rubros te gustaría incursionar?

Me encanta todo lo que tiene que ver con cosas étnicas, como los telares ayacuchanos y las mantas cusqueñas,. De hecho, me gusta mucho lo que es el cuero y el repujado. Me encantaría trabajar en este rubro, pero el costo es otro. Mucho más elevado.

¿Cuál sería tu mensaje para las personas invidentes?

Que sigan sus sueños. Que si le gusta cantar, hacer locución, manualidades, que lo hagan. Arriba los ánimos. Nada está perdido mientras tengamos vida.