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Miguel Ángel Rodríguez Mackay, internacionalista: “Perder plebiscito sería una catástrofe para Colombia”

El jurista peruano ha sido designado observador internacional del referéndum colombiano del 2 de octubre sobre el Acuerdo de Paz con las FARC.

Miguel Ángel Rodríguez Mackay, internacionalista: “Perder plebiscito sería una catástrofe para Colombia”

Miguel Ángel Rodríguez Mackay, internacionalista: “Perder plebiscito sería una catástrofe para Colombia”

21 de Septiembre del 2016 - 03:40 » Textos: Damián Retamozo » Fotos: Karla Patiño

El próximo 2 de octubre, el gobierno colombiano desarrollará una consulta popular (plebiscito especial) para refrendar los acuerdos de paz con las FARC, la guerrilla más antigua y sanguinaria de ese país. El internacionalista peruano Miguel Ángel Rodríguez Mackay, columnista de Correo, ha sido designado por la Misión de Observación Electoral (MOE) de Colombia como miembro del equipo de observadores internacionales de ese proceso.

¿Cuál es el carácter de su labor en Colombia?

El objeto de mi presencia en Colombia será actuar estrictamente como un observador internacional. Significa que me constituyo en un veedor para dar fe, objetiva, de los acontecimientos que ocurran el 2 de octubre durante el desarrollo del proceso de plebiscito en Colombia (...) Mi presencia es para emitir un juicio de valor internacional sobre el modus operandi. Vamos a Colombia a describir y dar una posición objetiva sobre lo que veamos. (...) Los observadores internacionales lo que hacen es otorgar ese sello de majestad, de respaldo internacional que los procesos internos de un Estado requieren para fortalecer su legitimidad. Es un trabajo muy serio, detenido, y hay que estar inspirados bajo el principio de neutralidad.

¿Qué va a pasar si la población rechaza mayoritariamente los acuerdos?

Sería una catástrofe política en Colombia, porque significaría el rechazo a un proceso de negociación que comenzó hace cuatro años y que cuenta con el aval de estados garantes (Chile, Cuba y Venezuela). Eso trastocaría la paz interna. Si no hay un acto de refrendación de los acuerdos, lo que va a pasar en Colombia es que la paz va a ser un acto iluso y prosperará la violencia otra vez, y no cabría esperar nada positivo.

Si sopesamos los ánimos de la población, de los líderes del gobierno colombiano y de las FARC, ¿qué es lo más probable, según su experiencia?

Es probable que sea positivo, porque juega mucho también el factor tiempo. El próximo 26 de setiembre se va a firmar el acuerdo de paz con la presencia de varios jefes de Estado y líderes internacionales. Luego viene el plebiscito el 2 de octubre, siete días después. Pero hay otro hecho: el Congreso colombiano bajó el umbral de votación para que el acuerdo pueda ser refrendado con un mínimo del 13% (4 millones y pico) del total de electores de Colombia. Normalmente, era del 50% (unos 16 millones) de los votantes. Con lo cual las posibilidades de aprobación son mayores.

Hagamos un ejercicio de política ficción. ¿Un acuerdo semejante sería factible en el Perú con los restos de Sendero Luminoso?

De ninguna manera. Porque las diferencia entre las FARC y SL son enormes. Las FARC comenzaron como un grupo beligerante, y este tipo de grupos están reconocidos por el derecho internacional. En el camino, cuando empiezan a tomar rehenes, se convierten en grupo terrorista, pero luego desisten de ello. Digo luego cuando comienzan a negociar con el gobierno. Sendero Luminoso nunca ha tenido el reconocimiento del derecho internacional porque es un grupo terrorista. En Colombia, el gobierno ha debido bajar al llano y negociar con las FARC, que tienen el control territorial de una parte del país. En el caso de SL, nunca jamás tuvo el control del territorio nacional y no es un grupo beligerante. Es imposible que se pueda producir, desde una perspectiva jurídica, sociológica y desde la ciencia política, cualquier ápice o mecanismo de negociación entre el gobierno del Perú y Sendero Luminoso.

En Colombia hubo y continúa un debate feroz, encarnizado. El mayor reparo fue la impunidad de los asesinos y secuestradores.

No es un asunto fácil. De los temas de la negociación, el tema de la impunidad ha sido el más complejo de todos. Evitar la impunidad es la gran preocupación de los colombianos, sobre todo de los cientos de miles de víctimas en estos 55 años de guerra. Cada sector ha tenido posiciones maximalistas, pero con posiciones maximalistas en una mesa no se llega a nada. Hay que aprender a ceder para llegar a objetivos. Se ha logrado, primero, que el concepto de la impunidad no prospere.

¿Los beneficios de la paz son superiores a todo lo demás en Colombia?

Sin duda alguna. Este es el momento del punto de quiebre en la historia reciente de Colombia. Ellos van a decidir si quieren un futuro de paz o violencia.

Chicas Bocon

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