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Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Miguel Ángel Rodríguez Mackay

ABANTO MORALES Y LA REGIÓN ANDINA

​Ayer falleció el máximo intérprete musical contemporáneo del indigenismo y del pluralismo. Luis Abanto Morales nos ha dejado a los 93 años de edad. Nadie como él para relievar el valor de la cultura serrana de nuestro país e incorporar la connotación social nacional de la cosmovisión andina haciéndola traspasar las fronteras del Perú.

15 de Junio del 2017 - 07:00 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Ayer falleció el máximo intérprete musical contemporáneo del indigenismo y del pluralismo. Luis Abanto Morales nos ha dejado a los 93 años de edad. Nadie como él para relievar el valor de la cultura serrana de nuestro país e incorporar la connotación social nacional de la cosmovisión andina haciéndola traspasar las fronteras del Perú. 

El Pacto Andino, creado en 1969, calzó preciso en la lectura de Abanto, que revitalizó el eje andino como nadie y que tomó la posta de la literatura que había legado el genial José María Arguedas en los años 50 a través del indigenismo, pero él fue más allá. Abanto Morales fue muy querido. 

Su calidad interpretativa -lo escuché desde niño en casa- dio espacio al cholo que era en realidad el hombre de nuestra hermosa y mágica serranía. Su timbre de voz era perfecto para contagiar en el hombre andino su orgullo ancestral, pero también el realismo de su mestizaje para que entendiera su extraordinaria fortaleza. Los migrantes de los años 50, 60 y 70, que llegaron a la capital, como era la manera de llamar a Lima en esas épocas, se vieron reconocidos en sus canciones. Abanto jamás renegó de España. 

Los que así lo creyeron estaban equivocados, pues fue uno de los que mejor entendió a Ricardo Palma al decir que “el que no tiene de inga tiene de mandinga”. Un trujillano como él, que fue reconocido por la OEA en 1987 con la condecoración Patrimonio Cultural de América, creyó en el sincretismo con la península ibérica, pero también fue más allá hasta darle el lugar que los peruanos de la costa no daban a sus propios paisanos de la sierra. Luis Abanto fue grande y el Perú le debe un homenaje póstumo. 

Los limeños, hijos de los migrantes de nuestros Andes, deben conocer más y bien de este artista de voz tan peculiar que llevó al hombre andino de la tristeza bucólica y la elegía rural al formato de sentirse siempre importante en la alegría. Finalmente, hizo del ego del hombre andino lo que ninguna política pública en toda la historia republicana había podido lograr.

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