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Agua que no has de beber…

A ver si esta vez lo terminan de entender. El problema no es el agua, ni su abundancia. El agua es una bendición en estos desiertos del norte, incluso si viniera más de lo esperado. El problema es el agua que no corre. El agua que cae del cielo sobre la ciudad debe correr hacia el río, hacia un lugar donde no haga daño. El agua que cae sobre las partes altas de la región y llega por el río también debe correr, en este caso hacia el mar. Nos lo viene recordando, con terca persistencia, un viejo piurano como Teddy Woodman Eguiguren, quien sabe más por viejo que por diablo, además de agricultor. Todo lo que hemos hecho en el último siglo los piuranos es contribuir a que el agua, esas aguas, no corran

29 de Agosto del 2017 - 07:00 Rolando Rodrich

A ver si esta vez lo terminan de entender. El problema no es el agua, ni su abundancia. El agua es una bendición en estos desiertos del norte, incluso si viniera más de lo esperado. El problema es el agua que no corre. El agua que cae del cielo sobre la ciudad debe correr hacia el río, hacia un lugar donde no haga daño. El agua que cae sobre las partes altas de la región y llega por el río también debe correr, en este caso hacia el mar. Nos lo viene recordando, con terca persistencia, un viejo piurano como Teddy Woodman Eguiguren, quien sabe más por viejo que por diablo, además de agricultor. Todo lo que hemos hecho en el último siglo los piuranos es contribuir a que el agua, esas aguas, no corran. 

El proceso de urbanización ha cortado la natural configuración del terreno para que la lluvia discurra en sus pendientes hacia el río. Los puentes y las obras de irrigación han reducido la caja y la velocidad del río en su predestinado final en el Pacífico. El agua que no corre es muerte, pierde oxígeno y se pudre. Cría zancudos, dengue, zika, chikungunya, cólera, moscas. El agua que no corre sobre el asfalto destruye pistas y nos incomunica, daña el parque automotor. El agua que no corre derrumba inmuebles, colapsa cimentaciones. Mientras no desarrollemos más y mejores sistemas de almacenamiento, agua que no has de beber, debes dejarla correr. En pocas palabras, si en este proceso no comenzamos por hacer correr el agua, el resto será inversión perdida. ¿Cuáles son esas obras? Solo dos, grandes pero solo dos: 1) Salida del río al mar para que en su paso por las ciudades los grandes caudales que no podamos almacenar cobren velocidad. 2) Drenaje pluvial en las ciudades para que las cuencas ciegas lleguen al río y no causen daño en las viviendas y en las calles y avenidas. Estas son las prioridades, junto con otro aspecto que no por ser citado al final es menos importante: el dengue, que necesita una estrategia muy diferente a la de la infraestructura.

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