Temas

Opinión

AMÉRICA ESTÁ DE LUTO

​El rotundo fracaso de la 47a Asamblea General de la OEA desarrollada en Cancún, México, ha llevado a las Américas a un estado de luto completo, porque nada se ha podido lograr para superar la crisis que vive la hermana República de Venezuela, que a la fecha lleva el nefasto saldo de 75 muertos en las protestas ininterrumpidas de la inmensa mayoría de sus ciudadanos, que están camino a los tres meses. Los esfuerzos de la secretaría general de la OEA no han podido promover el número de votaciones para solventar una resolución que pudiera calificar el estado caótico que se vive en este país.

23 de Junio del 2017 - 07:00 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

El rotundo fracaso de la 47a Asamblea General de la OEA desarrollada en Cancún, México, ha llevado a las Américas a un estado de luto completo, porque nada se ha podido lograr para superar la crisis que vive la hermana República de Venezuela, que a la fecha lleva el nefasto saldo de 75 muertos en las protestas ininterrumpidas de la inmensa mayoría de sus ciudadanos, que están camino a los tres meses. Los esfuerzos de la secretaría general de la OEA no han podido promover el número de votaciones para solventar una resolución que pudiera calificar el estado caótico que se vive en este país. 

Ni la Reunión de Consulta de Cancilleres del lunes 19 y martes 20 de junio (donde se requería 23 de los 34 votos), ni el plenario de la propia Asamblea General del miércoles 21 (que solamente requería una mayoría simple, es decir, únicamente 18 votos) han podido emanar resultados para ayudar al país a salir del grave entrampamiento político y económico a que lo ha conducido el régimen de Nicolás Maduro. Los países de Centroamérica, las Antillas y el Caribe, una vez más, escandalosamente han cerrado filas con el chavismo. Sus intereses no incluyen los muertos que la barbarie gubernamental ha producido, lo cual desnuda la ausencia de solidaridad internacional para con el pueblo llanero. Por la moral internacional que los Estados deben conservar en el mínimum de las relaciones internacionales, nadie presagiaba que el resultado iba a ser el completo fracaso en el asunto de Venezuela. Maduro pagará y con creces el daño inmenso que está haciendo a sus compatriotas. La Carta de la OEA (1948) y la Carta Democrática Interamericana (2001) han sido neutralizadas por la diplomacia chavista, bien asesorada por la cubana, consumando con inocultable proselitismo -fundado en el petróleo- un alto poder de persuasión sobre los países que no apoyaron en la votación la causa principista promovida por países como México y el Perú. No hay nada que hacer: los intereses materiales primaron sobre los derechos humanos. ¡Qué vergüenza!

tags