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Bienvenido y el Alcalde

En las últimas horas, los peruanos hemos sido testigos de la clase de autoridades que tenemos no porque nos las impusieron o aparecieron ahí de la nada, sino porque las elegimos libremente, como si nos gustase sufrir y lamentarnos de quienes ponemos a manejar el país

08 de Abril del 2017 - 08:18 Iván Slocovich

En las últimas horas, los peruanos hemos sido testigos de la clase de autoridades que tenemos no porque nos las impusieron o aparecieron ahí de la nada, sino porque las elegimos libremente, como si nos gustase sufrir y lamentarnos de quienes ponemos a manejar el país. Me refiero al congresista de la mayoría fujimorista Bienvenido Ramírez y al tremendo alcalde de Chilca, Richard Ramos, a quienes habría que recordar muy bien.

El primero de ellos, médico de profesión para mayores luces, ha saltado a la fama al afirmar dentro de las cuatro paredes del Congreso, que el triste mal de Alzheimer da con mayor frecuencia a las personas “que estudiaron mucho y que leyeron mucho”, lo que no solo ha desatado la risa generalizada de todos los peruanos, sino que nos ha hecho ver el pobre nivel de las autoridades que elegimos, sin obligación ni coacción de nadie.Pero esta semana que termina hemos tenido a otro famoso. Me refiero al burgomaestre del distrito de Chilca, en el llamado sur chico, quien según el Ministerio Público y la Policía Nacional, encabezaba una banda de tráfico de tierras y otros delitos, lo que le permitió amasar una considerable fortuna que comprendía dinero en efectivo, carros de lujo y hasta un estadio propio que quizá envidiarían los organizadores de los Panamericanos Lima 2019.

Es por eso que la mayoría del Congreso con Keiko Fujimori a la cabeza, en lugar de estar pensando en dar normas que afectan la libertad de expresión, debería ponerse a trabajar para crear candados en las normas electorales o dentro de las agrupaciones políticas al momento de hacer sus selecciones, a fin de impedir que gente como su legislador Ramírez y el tremendo alcalde chilcano puedan convertirse en nuestras autoridades.

Los peruanos solemos quejarnos de las malas autoridades que tenemos. Sin embargo, pocas veces nos hemos puesto a pensar que las elegimos nosotros mismos, con la complicidad de un Congreso que a lo largo de la historia no ha dictado normas para evitar situaciones vergonzosas e indignantes como las que vemos ahora. Los fujimoristas son los que, por voluntad popular, manejan el Legislativo y en los próximos cuatro años y algo más, muchas cosas pueden hacer.

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