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Jaime Asián Domínguez

Jaime Asián Domínguez

Cántame una canción y te pongo un cubata

​“Brindemos con un Cuba Libre por la muerte de Fidel Castro”, han pedido no pocos, a los que la partida del líder de la Revolución les importa un habano.

28 de Noviembre del 2016 - 06:32 Jaime Asián Domínguez

“Brindemos con un Cuba Libre por la muerte de Fidel Castro”, han pedido no pocos, a los que la partida del líder de la Revolución les importa un habano. Gloria Estefan, por ejemplo, publicó que la noticia “es un alivio que ha tardado mucho en llegar”. Sí, pues, 90 años, y en pleno Black Friday, o sea el día de mayor exposición del capitalismo de Estados Unidos, que tantos dolores de cabeza le ocasionó al comandante.

Todos sabemos que el Cuba Libre es la mágica mezcla de ron y Coca-Cola en hielo. En algunos países la rematan con jugo de naranja, pero nosotros, los peruanos, la preferimos con algunas gotas de limón piurano y su respectiva rodaja de adorno al filo del vaso.

Un soldado, precisamente americano, sugirió brindar “¡por la Cuba Libre!” en la celebración de la Cuba recién liberada en la guerra Hispano-Estadounidense y, desde entonces, comenzó a diseminarse por el mundo como cubalibre (así, junto), cubata (como canta Joaquín Sabina: “Cántame una canción al oído y te pongo un cubata”) o, simplemente, roncola, a secas. Conclusión: Cuba y EE.UU. siempre han estado unidos por un trago. Y ese es un vínculo muy fuerte.

Por lo demás, ¿acaso Cuba no se parece o sabe al ron? Tiene gente dulce, cañaveral, de color, embriagante, espirituosa; como el ron Bacardi, el del murciélago. ¿Y acaso Estados Unidos no fue el hielo que congeló la economía de la isla, condenándola al ostracismo? Sí, señor. La cuota de acidez la puso Fidel Castro, qué duda cabe. Completo Camagüey.