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Cinismo senderista

​El cinismo mostrado por el cabecilla terrorista Abimael Guzmán al afirmar el martes último que nada tuvo que ver con la carnicería desatada por su banda en la calle Tarata, en Miraflores, en julio del sangriento 1992, es el mismo que exhiben hoy sus grupos de fachada al presentar recursos dentro y fuera del Perú para tratar de dejar sin efecto la demolición del infame mausoleo levantado de forma clandestina en un cementerio de Comas.

29 de Junio del 2017 - 07:30 Iván Slocovich

El cinismo mostrado por el cabecilla terrorista Abimael Guzmán al afirmar el martes último que nada tuvo que ver con la carnicería desatada por su banda en la calle Tarata, en Miraflores, en julio del sangriento 1992, es el mismo que exhiben hoy sus grupos de fachada al presentar recursos dentro y fuera del Perú para tratar de dejar sin efecto la demolición del infame mausoleo levantado de forma clandestina en un cementerio de Comas.

Primero presentaron una demanda ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) para tratar de impedir las modificaciones a la ley contra la apología del terrorismo, y de paso frenar la demolición. A fines de mayo, como hemos informado el martes en Correo, han recurrido al Poder Judicial señalando que no han sido notificados del eventual derribo de la estructura, y por lo tanto solicitan la suspensión de la medida.

Ha sido indignante leer la carta mostrada por Guzmán luego de la diligencia del martes último, en la que deslinda del crimen de 25 personas en la calle Tarata. Incluso se hace el horrorizado, como si semejante carnicero no hubiera sido capaz de ordenar la masacre de Lucanamarca, de estar dispuesto a causar un millón de muertes antes de “tomar el poder” y de ordenar el crimen de campesinos con pedradas en la cabeza y de otros inocentes con un tiro en la sien.

Ese mismo cinismo es el que los hace presentarse, una y otra vez, como “perseguidos políticos”, y cuando afirman que los terroristas encarcelados son “prisioneros de guerra”, historia que de manera alucinante viene siendo repetida hasta por un despistado candidato a la Presidencia de Chile. Sería bueno que alguien por ahí le cierre de una vez la boca para que deje de hacer el ridículo, salvo que el hombre sea uno de esos izquierdistas a los que no les entran balas.

Sendero y sus órganos de fachada, que a fin de cuentas son lo mismo, seguirán con esa actitud cínica mientras haya gente que los siga y saque cara por ellos, pues lamentablemente la hay incluso en el Congreso; y mientras el Estado no actúe con total energía contra estos criminales que todos los días tratan de ganar espacios al hablarnos de “reconciliación” y “amnistía”, o cuando de manera absurda tratan de participar en política.

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