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Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Colombia: el chantaje del ELN

​El Estado jamás debe dejarse intimidar por el terrorismo. Esa es una regla pétrea e inquebrantable. La fuerza del Estado, que es legítima, siempre es superior y esa es, además, la garantía para la sociedad que confía y se ampara en el Estado.

09 de Noviembre del 2016 - 07:01 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

El Estado jamás debe dejarse intimidar por el terrorismo. Esa es una regla pétrea e inquebrantable. La fuerza del Estado, que es legítima, siempre es superior y esa es, además, la garantía para la sociedad que confía y se ampara en el Estado. Bajo esta premisa el gobierno del presidente Juan Manuel Santos no puede doblegar frente al reciente chantaje del Ejército de Liberación Nacional -ELN-, el segundo grupo armado de Colombia, tan antiguo como las FARC, cuyo jefe, Nicolás Rodríguez Bustinza, ha denostado del gobierno señalándole falta de cumplimiento de los acuerdos a los que hasta ahora habrían llegado. Creo que el líder del ELN quiere desacreditar al gobierno y a su presidente, y no se da cuenta que Santos jamás negociará nada mientras haya de por medio secuestrados. Esa ha sido la clave del éxito del presidente en su negociación con las FARC, a la que no le permitió seguir adelante en las conversaciones en La Habana mientras hubiera rehenes en manos de los alzados. El último canje de un político por su hermano en mal estado salud, retenido por el ELN, no representa para el presidente colombiano el escenario ideal para llevar adelante las conversaciones en Quito, Ecuador, donde se ha previsto el inicio del diálogo entre el gobierno y el ELN. Una razón jurídica de fondo indica que no se puede negociar con un grupo terrorista que reteniendo gente en contra de su voluntad, tira al suelo los Convenios de Ginebra sobre Derecho Internacional Humanitario de 1949. Ahora bien, no creo que el camino del diálogo se haya frustrado definitivamente pero sí en el hecho de haberse detenido fundadamente. El asunto de fondo es que el gobierno de Colombia y los levantados en armas desean iniciar un proceso de arreglo pacífico y las condiciones en estos tiempos, en general, realmente pueden ser las mejores pero también deben ser las más óptimas en el plano del diálogo directo; además, no comenzarían de cero porque la experiencia ganada por el gobierno con las FARC ayudaría mucho -gran parte de los procesos ya están protocolizados como modelos de plataformas de negociación- para el acercamiento con el ELN y luego llegar a acuerdos concretos. Pero antes que cualquier paso, deberá producirse la liberación de los rehenes.