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Contralor en problemas

​Qué duda cabe que el contralor Edgar Alarcón ha quedado chamuscado con las denuncias en su contra aparecidas en los últimos días en diferentes medios. Sean o no una venganza del Gobierno por la bajada de dedo que le dio a la muy dudosa adenda al contrato con Kuntur Wasi para habilitar el aeropuerto de Chinchero, lo cierto es que el hombre ha quedado descalificado para un cargo sobre el cual no pueden existir sombras ni cuestionamientos.

01 de Junio del 2017 - 07:30 Iván Slocovich

Qué duda cabe que el contralor Edgar Alarcón ha quedado chamuscado con las denuncias en su contra aparecidas en los últimos días en diferentes medios. Sean o no una venganza del Gobierno por la bajada de dedo que le dio a la muy dudosa adenda al contrato con Kuntur Wasi para habilitar el aeropuerto de Chinchero, lo cierto es que el hombre ha quedado descalificado para un cargo sobre el cual no pueden existir sombras ni cuestionamientos.

Mal hace el fujimorismo en seguir sacando cara por Alarcón luego de conocerse los audios en que trata de atarantar al auditor Walter Grados para que no haga su trabajo denunciándolo por su negocio de compra y venta de autos. También está el caso de la indemnización pagada a la señora con la que tiene dos hijos. Son serias dudas que se ciñen sobre el titular de una institución que debe contar con toda la autoridad moral para cumplir su encargo constitucional.

Además, en medio de una coyuntura en que la corrupción agobia a todos los peruanos y en la que poco a poco van apareciendo indicios de pago de coimas a políticos y funcionarios públicos en el marco del caso “Lava Jato”, más aún se necesita una Contraloría sobre la que nadie tenga dudas. ¿Se imaginan a Alarcón dando un informe y denunciando a presuntos delincuentes de cuello y corbata cuando el hombre tiene tantas sombras y tantas dudas por aclarar?

Si Alarcón no se aleja del cargo, tal como se lo vienen pidiendo desde diferentes sectores, el Congreso debe de hacer su trabajo. Sin embargo, en las últimas horas se ha visto que al fujimorismo, que es el que corta el jamón en el Poder Legislativo, le cuesta marcar distancia con el funcionario, lo que ha generado un choque con el oficialismo, que está pidiendo su cabeza. Estamos ante un enfrentamiento más que a nada lleva, y que bien puede ser evitado cortando por lo sano.

La lucha contra la corrupción descansa sobre una mesa con varias patas, entre ellas una llamada Contraloría General de la República. Que la adenda con Kuntur haya olido muy mal desde un inicio es algo innegable. Y también puede ser que el Gobierno se la tenga jurada a Alarcón. Pero eso no quita que estemos ante un personaje que debería dejar el cargo para que tengamos la confianza de que las malas artes dentro de la administración pública podrán ser detectadas y sancionadas.

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