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​La verdad es que la situación carcelaria del señor Fujimori me preocupa tanto como la de cualquier otro de los miles de presos en el país por problemas con la justicia. Ni más, ni menos. Mi mundo se reduce a urgencias más inmediatas: a saber que no se vuelva a salir el río cerca de mi casa, que las lluvias próximas no vuelvan a inundar y destruir las pistas por las que hoy tengo de sufrir para movilizarme. Mis problemas más urgentes son unos zancudos que no me dejan dormir y que contagian del mortal dengue

27 de Junio del 2017 - 07:00 Rolando Rodrich

La verdad es que la situación carcelaria del señor Fujimori me preocupa tanto como la de cualquier otro de los miles de presos en el país por problemas con la justicia. Ni más, ni menos. Mi mundo se reduce a urgencias más inmediatas: a saber que no se vuelva a salir el río cerca de mi casa, que las lluvias próximas no vuelvan a inundar y destruir las pistas por las que hoy tengo de sufrir para movilizarme. Mis problemas más urgentes son unos zancudos que no me dejan dormir y que contagian del mortal dengue. También me quitan el sueño los “marcas” y todos estos delincuentes en motocicletas que puedes cruzártelos en las calles y regalarte un balazo por una billetera o un celular. Y si yo, con mis impuestos, les pago los sueldos a ministros y congresistas para que el Estado me dé seguridad ante los desastres naturales, ante las epidemias o los delincuentes, no entiendo qué hacen el Ejecutivo y el Legislativo perdiendo el tiempo discutiendo sobre si el señor cumple la pena en su casa o sigue enrejado. Los padres de más de 2 mil alumnas del CN NS de Fátima dejarán de mandarlas a estudiar porque lo hacen hoy en una aulas provisionales y con miserables servicios higiénicos, debido a que el Ministerio de Educación no termina la remodelación del colegio. ¿Ustedes creen que a estas familias les preocupa que la política esté entretenida con indultos y cosas parecidas? Algo se ha desconectado de la realidad, zanjando un abismo entre los intereses del ciudadano de la calle, ese que se muere quemado dentro de un contenedor con candado, y aquellos otros que -elegidos por los primeros- dejaron todo interés público en las promesas de campaña. Hay que reenchufarlos, alguna herramienta debería tener el ciudadano para devolver a la realidad al funcionario público que no sea solo votar cada cuatro o cinco años.

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