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Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Miguel Ángel Rodríguez Mackay

​Día Internacional de la No Violencia hacia la Mujer

Pegar a una mujer muestra la mayor bajeza varonil, volviéndolo un ser cobarde.

26 de Noviembre del 2016 - 07:55 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Pegar a una mujer muestra la mayor bajeza varonil, volviéndolo un ser cobarde. Quien lo hace tira al tacho el estado de naturaleza que nos hizo hombres y mujeres cualitativamente distintos, pero profundamente complementarios, cada cual con atributos y caracteres intrínsecos. Darnos cuenta que somos distintos es racional y no debería demandar mayor esfuerzo; sin embargo, al hombre vuelto por su violencia un ser despreciable, esta consideración no importa.

La violencia se manifiesta físicamente, donde el hombre se vale de su fuerza para lesionarla y hasta matarla. Su consecuencia se ve en los estragos que sufre el cuerpo de la mujer; luego, está la violencia sexual que es vil porque atropella la libertad de la mujer para decidir libremente si quiere o no tener relaciones sexuales con un varón. Esta es la manifestación de la mayor bajeza del varón, pertrechado en la ventaja de su fortaleza para reducirla hasta denigrar su estructura volitiva; en tercer lugar, la violencia psicológica, donde la mujer queda reducida por la amenaza del varón que revela su imperdonable conducta abusiva, quebrando la natural docilidad de su feminidad; y la violencia económica donde el varón, que controla los medios de producción en el mundo patriarcal y excitado por el prejuicio y su propia inseguridad, mediatiza la libertad de acción de la mujer que, sin recursos, se ve disminuida en ese dramático estado de total dependencia.

Es verdad que la violencia contra la mujer ha aumentado en el mundo, pero también las denuncias por dicha violencia, revelando que el miedo se está perdiendo. A propósito de celebrar ayer el Día Internacional de la No Violencia hacia la Mujer, nuestra tarea será pegarnos a los Objetivos del Milenio hacia el 2030, donde el quinto será alcanzar la igualdad de género y la autonomía de las mujeres. Para lograrlo, antes que más leyes represivas, prioricemos la educación y sigamos adelante en la tarea de sensibilización que el Estado peruano ha puesto en marcha.

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