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Crímenes: que la sangre no llegue al río

​Más allá del móvil del horrendo asesinato de José Yactayo, conocido editor de televisión, a manos de un estudiante universitario, es momento de reconocer que Lima, la capital de la República, se ha vuelto peligrosa para vivir.

11 de Abril del 2017 - 07:30 Editorial

Más allá del móvil del horrendo asesinato de José Yactayo, conocido editor de televisión, a manos de un estudiante universitario, es momento de reconocer que Lima, la capital de la República, se ha vuelto peligrosa para vivir.

Aunque suene a lugar común, ahora te matan hasta por un teléfono celular o un par de zapatillas. Cierto es que el descuartizamiento del periodista nos ha dolido a todos, pero como crimen se suma a la retahíla de asesinatos que vemos a diario en la ciudad, denotando que estamos inmersos en un inexorable clima de violencia.

Cómo entender, por ejemplo -y esto deben preguntarse una y otra vez sus padres-, que un joven que iba a sus clases de inglés sea secuestrado por su supuesta enamorada y luego de unas horas aparezca muerto en un costalillo arrojado en San Juan de Lurigancho.

Los psicólogos y psiquiatras tienen múltiples explicaciones para esta ola de sangre, que incluye feminicidios, crímenes de odio y amores que matan, pero lo cierto es que los casos están en ascenso y las autoridades se muestran inermes para encontrar alguna solución.

No olvidemos que también está pendiente de resolverse la desaparición de la ciudadana canadiense Kimberlee Susanne Kasatkin, aunque todo indica que su propio esposo -médico de profesión- acabó con ella y la refundió en algún lugar de la capital.

Esta atmósfera con olor a homicidio le hace daño a nuestro país, tanto o más que los últimos hechos de corrupción y coimas en que han incurrido diversos personajes políticos.

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