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Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Miguel Ángel Rodríguez Mackay

"EE.UU. y el fenómeno Donald Trump"

​Muchos no solo creyeron que Donald Trump jamás ganaría la Presidencia de los Estados Unidos de América sino que, además, pensaron que el margen de la esperada victoria de su rival Hillary Clinton fuera como cerró finalmente el conteo, es decir, 306 a 232.

10 de Noviembre del 2016 - 05:10 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Muchos no solo creyeron que Donald Trump jamás ganaría la Presidencia de los Estados Unidos de América sino que, además, pensaron que el margen de la esperada victoria de su rival Hillary Clinton fuera como cerró finalmente el conteo, es decir, 306 a 232. Una tremenda diferencia que confirma que las encuestas erraron ciclópeamente y con ello, el chicotazo que Trump le ha propinado a la clase política y dominante en Washington en el mismísimo bipartidismo de su país. Trump, como fenómeno, ha sepultado a los políticos tradicionales y caudillistas y a los del conservadurismo de su país y lo ha hecho con un discurso irreverente y de contrastes, cuestionando frontalmente el statu quo imperante, al que ganas le tenía desde hace ya buen tiempo para acabarlo. Trump, además, dijo muchas cosas incendiarias durante la campaña que generaron hacia su persona una animadversión colectiva muy grande y francamente ahora que ya es virtual presidente electo, lo será formalmente el próximo lunes 19 de diciembre, cuando los delegados elegidos por la ciudadanía el pasado martes 8 de noviembre, que componen el denominado Gran Colegio Electoral de 538 electores expresen su votación conforme el mandato recibido en las urnas por los ciudadanos. Trump deberá administrar su nueva privilegiada posición y mostrarse con la sensatez que exige el tamaño de conducir los destinos del país más poderoso del mundo. El discurso del candidato ha acabado y ahora tendrá que evaluar aquellos temas que realmente convengan al país de todas las sangres. En otras palabras, el radicalismo de sus palabras y la excentricidad de sus actitudes durante la campaña, deberán convertirse en parte del pasado, lo que será tan estratégico como haberlo avalado durante la etapa eleccionaria. El neoyorquino sabe que deberá mostrarse como el presidente de todos los estadounidenses -comenzando por ensayar poses de estadista-, de lo contrario no lo van a aceptar los todopoderosos del país, que suelen ser los grandes bloques lobistas del poder estadounidense y los presidentes de turno lo saben muy bien. No veo a Trump tirando por la borda todo lo preciado que acaba de conseguir. Su habilidad para haberse convertido en candidato republicano y ahora presidente electo de su país, obliga a los políticos en Washington a no subestimarlo como sí lo hicieron durante la campaña.