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Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Miguel Ángel Rodríguez Mackay

EE.UU. y lo grave de una sociedad armada

​Por estos días las ofertas navideñas en EE.UU., lejos de ser como en el resto del mundo, por ejemplo América Latina, en que los papás nos abalanzamos a comprar el mejor juguete para nuestros hijos, la realidad es que la gente prefiere la adquisición de armas.

30 de Noviembre del 2016 - 07:12 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Por estos días las ofertas navideñas en EE.UU., lejos de ser como en el resto del mundo, por ejemplo América Latina, en que los papás nos abalanzamos a comprar el mejor juguete para nuestros hijos, la realidad es que la gente prefiere la adquisición de armas. Casi como en las épocas de cowboy o de vaqueros en el Lejano Oeste del siglo XIX, ahora la gente decide armarse y esta situación que encierra un sinnúmero de complejidades, tiene algunas explicaciones, que podríamos resumirlas. En primer lugar, el alto índice de criminalidad en el país y por tanto la falta de una neutralización por la autoridad, ha llevado a que la población decida autoprotegerse -Camden, en Nueva Jersey, encabeza la lista de las ciudades más peligrosas del país, según un informe anual basado en datos del FBI-. En segundo lugar, el imperio de la inseguridad ante la eventualidad de algún nuevo atentado terrorista como aquel que produjo el atentado del 11 de setiembre de 2001. Ningún país como EE.UU., entonces, para sufrir el impacto de volverse vulnerable luego de sostenerse durante gran parte de su historia como nación todopoderosa; sin embargo, un asunto de fondo que lleva más tiempo enquistado en la sociedad estadounidense ha sido el fracaso de sus tropas en la guerra de Vietnam. EE.UU. tuvo que abandonar el país porque no pudo acabar con los comunistas ni con la agreste selva vietnamita que más bien se mostró inmisericorde con los soldados. El retorno a Norteamérica fue doloroso y aunque el gobierno se esforzó en llenar de medallas a los soldados sobrevivientes, muchos de ellos se convirtieron en los “rambos” de los ochenta. Gentes con traumas por la guerra se volvieron violentos y hasta clínicamente definidos con problemas psicológicos. Sus familiares fueron los primeros en sufrir los estragos de aquella secuela. No sabemos qué pasará en el futuro, pues las facilidades para la tenencia de armas continuará ascendente dado que el ahora presidente electo Donald Trump impulsó cuando candidato, la defensa de la segunda enmienda de la Constitución que lo permite.