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Iván Slocovich

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El crimen de dos policías

​El Perú nuevamente está de duelo por el salvaje asesinato de dos efectivos de la Policía Nacional, que el miércoles último fueron emboscados y acribillados en una carretera de Huanta (Ayacucho) mientras realizaban un patrullaje, luego de lo cual fueron despojados de sus armas. Los criminales serían los terroristas que operan en la zona en alianza con las bandas de narcotraficantes que mantienen el clima de violencia en el Valle de los Ríos Apurímac, Ene y Mantaro (VRAEM).

02 de Junio del 2017 - 07:30 Iván Slocovich

El Perú nuevamente está de duelo por el salvaje asesinato de dos efectivos de la Policía Nacional, que el miércoles último fueron emboscados y acribillados en una carretera de Huanta (Ayacucho) mientras realizaban un patrullaje, luego de lo cual fueron despojados de sus armas. Los criminales serían los terroristas que operan en la zona en alianza con las bandas de narcotraficantes que mantienen el clima de violencia en el Valle de los Ríos Apurímac, Ene y Mantaro (VRAEM).

Qué duda cabe que así como el actual gobierno tiene como asunto pendiente el frenar el clima de violencia común en ciudades como Lima, Callao, Trujillo, Chiclayo o Piura, también está en la obligación de erradicar las escasas columnas terroristas que ya despojadas de toda “ideología” y “motivación política” desde hace varios años, se mueven en esa zona convertidas en bandas de sicarios al servicio de traficantes de cocaína.

El presidente Pedro Pablo Kuczynski y el titular del Consejo de Ministros, Fernando Zavala, han lamentado el asesinato de los suboficiales de segunda Gino Apaza Mayta y John Bernales Mendoza. Es de esperarse que el pesar de ambas autoridades se traduzca en la suma de esfuerzos para dar con el paradero de los criminales que emboscaron a la unidad de la Policía de Carreteras en un camino cerrado, donde los agentes no tuvieron la posibilidad de defenderse con sus armas.

En la zona del VRAEM, las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional cuentan con el suficiente número de efectivos y unidades terrestres y aéreas como para dar caza a los narcoterroristas causantes de este nuevo pesar para el país, que desde hace 37 años, de forma casi ininterrumpida, tiene que sepultar a sus custodios por acción de terroristas hoy convertidos en viles pistoleros de traficantes de la droga que sale principalmente por vía aérea y marítima.

Nunca se podrá decir que el Perú está pacificado y libre de terrorismo si cada cierto tiempo uno, dos o más policías son asesinados en el VRAEM. El hecho de que el accionar de estas bandas aliadas del narcotráfico no sea ya un peligro para el Estado y la gobernabilidad, no significa que puedan seguir actuando libremente en esa zona del país, donde las fuerzas del orden y la población viven en medio de la violencia.

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