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El delincuente del traje a rayas

Ayer, al cumplirse 24 años de la captura del genocida Abimael Guzmán, los peruanos hemos vuelto a ver las inolvidables imágenes de ese cabecilla terrorista correspondientes al día de su presentación ante la prensa, en el patio de la Dircote.

13 de Septiembre del 2016 - 03:12 Editorial

Ayer, al cumplirse 24 años de la captura del genocida Abimael Guzmán, los peruanos hemos vuelto a ver las inolvidables imágenes de ese cabecilla terrorista correspondientes al día de su presentación ante la prensa, en el patio de la Dircote. Estaba enjaulado, con el número 1509 en el pecho y vestido con un traje a rayas, muy propio de lo que es y será siempre: un vulgar delincuente.

Y es que por más que muchos se esfuercen en afirmar lo contrario, Guzmán jamás será un “líder” o “político” o “filósofo” o algo similar. Este carnicero de marca mayor siempre será un asesino, y con ese calificativo debe permanecer hasta el día de su muerte en su celda de concreto de la Base Naval del Callao, donde tiene la suerte de estar bien cuidado por el Estado, que él quiso dinamitar.

El Guzmán vestido a rayas y dando un discurso envalentonado con el puño en alto es al que debemos recordar siempre los peruanos, no al viejito supuestamente apacible que hoy, a través de sus voceros, nos quiere vender la idea de la “reconciliación”, algo que comenzó a tramar desde que se rindió cobardemente ante Vladimiro Montesinos a cambio de la compañía de la terrorista que tiene de esposa.

Un país que aún llora a los miles de muertos que ocasionó el terrorismo no puede dejarse embaucar nuevamente por Guzmán, quien ya antes engañó a jóvenes ayacuchanos, a los que fácilmente lavó el cerebro y convirtió también en asesinos poniéndolos como carne de cañón a hacer su “revolución”, mientras él y su cúpula bailaban borrachos la danza de Zorba el griego, lejos de las balas y las bombas.

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