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Johnny Padilla

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El doble discurso

La violencia contra la mujer en el Perú parece no tener límite, sigue inexorable con una crueldad que lacera

04 de Junio del 2017 - 07:20 Johnny Padilla

La violencia contra la mujer en el Perú parece no tener límite, sigue inexorable con una crueldad que lacera. En la última semana hemos sido testigos de terribles casos que no hacen más que reafirmar que esta va en aumento pese a los esfuerzos de las autoridades encargadas de combatirla. ¿No es espantoso enterarse de que una mujer fue quemada viva por su expareja, que no aceptaba que lo haya dejado por violento? Pero no nos bastó esa historia de crueldad. A los pocos días se nos presentó otra en la que una mujer fue atacada con un taladro por el padre de sus hijos y luego se supo de una joven madre que fue ahorcada tras acudir a una fiesta privada. Historias de terror y sangre que nos deben hacer reflexionar sobre que hay algo que anda mal en nuestra sociedad y que a todos nos compete combatir esta violencia desde nuestras respectivas trincheras. Pero hay que tomarlo en serio, no se puede ya andar con medias tintas. De nada valen marchas, campañas, meas culpas si en ciertos programas de televisión y medios que los rebotan se sigue reafirmando el machismo, los prejuicios estúpidos, los estereotipos y sobre todo la discriminación contra la mujer. De qué valen las buenas intenciones de responsables líderes de opinión de canales de televisión si en programas de su misma televisora “dizque” de entretenimiento todos los días se presenta, se califica y se hace burla de la mujer con impunidad absoluta. Eso es violencia y de la mala, por si no se han enterado. ¿Se puede permitir, por ejemplo, que se pasen horas juzgando, calificando a jovencitas de la farándula local por el solo hecho de tener novios y decirles de todo cuando en el mismo espacio al “jugador de turno” se le celebra las conquistas? Claro, a ellas, el garrote; a ellos, el aplauso. Violencia contra la mujer es burlarse de su peso, de su color de piel, de cómo habla y hasta de sus carencias intelectuales. ¿Y qué resulta de todo eso? Pues que se siga pensando que la mujer es un ciudadana de segunda clase con sus derechos recortados y que “se merece el castigo” por salirse de las normas. Y en estos tiempos en que la salud mental de los peruanos no es una prioridad en los sistemas públicos de salud, pues seguiremos siendo testigos de más violencia, a la que hay que atacar desde todos los frentes. Si somos conscientes de que los medios de comunicación generan opinión, tendencia e influyen en millones de personas, es importante tener mucho cuidado con lo que se emite. Lo que estamos viviendo no es cuestión de juego.

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