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Iván Slocovich

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El mundo al revés

No ha cometido nada tan grave como para sancionarlo con la privación de su libertad

08 de Marzo del 2017 - 07:06 Iván Slocovich

Algo muy malo tiene que estar pasando en nuestro país como para que el carnicero Abimael Guzmán sea uno de los reos con mayores privilegios en el Perú, al extremo que hasta dieta especial hay que darle de comer, mientras que el suboficial de segunda PNP José Millones, sobreviviente de una masacre narcoterrorista contra las fuerzas del orden, es encerrado en prisión por decir públicamente que en 2012 fueron enviados a una misión en la selva sin el equipamiento necesario.

En entrevista a Correo, el procurador antiterrorismo, Milko Ruiz, ha señalado que el cabecilla de la banda armada Sendero Luminoso, nada menos que el delincuente que más daño ha hecho al Perú a lo largo de su historia, es quien tiene mayores beneficios penitenciarios, pues por su avanzada edad y su estado de salud hay que atenderlo de manera diferenciada. El sujeto este, con todo su prontuario, no sufre día a día lo que se vive en Lurigancho o Castro Castro. Quién como él.

Indigna que pese a todas las gollerías que hay que darle a este criminal, sobre todo para que sus ONG amigas no salgan a decir que se están violando sus derechos humanos, su defensa legal esté apelando a la “estrategia” de presentarlo como un viejo enfermo y desvalido, a fin de dar pena y hacer que los peruanos se olviden de sus horrendos crímenes en momentos en que se le juzga por el brutal atentado de la calle Tarata, en Miraflores, que costó la vida de 25 inocentes.

Pero más indigna que por un lado el Estado se vea obligado por las circunstancias a tratar con guantes de seda a este hampón de factura mayor y, por otro, a través de la justicia policial-militar, mande a prisión a un valeroso suboficial que sí, quizá no debió salir públicamente a hacer una denuncia sobre el mal funcionamiento de su institución, pero que no ha cometido nada tan grave como para sancionarlo con la privación de su libertad por un año.

Estos son absurdos que jamás deben darse. Por eso, ojalá el delincuente Guzmán sea juzgado con todo el peso de la ley por los crímenes de Tarata, aunque sea de manera simbólica, porque ya tiene una condena de cadena perpetua; mientras que es de esperarse que el presidente Pedro Pablo Kuczynski indulte al suboficial Millones, quien fue enviado a la operación “Libertad” sin los elementos necesarios para salir airoso de tan complicada misión.

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