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El nuevo jefe de la DINI

​Desde ayer la Dirección Nacional de Inteligencia (DINI) cuenta con un nuevo responsable: el policía en retiro y administrador de empresas Guillermo Fajardo Cama, quien en los últimos años ha trabajado en el sector privado en los ámbitos energético y minero.

14 de Septiembre del 2016 - 00:18 Iván Slocovich

Desde ayer la Dirección Nacional de Inteligencia (DINI) cuenta con un nuevo responsable: el policía en retiro y administrador de empresas Guillermo Fajardo Cama, quien en los últimos años ha trabajado en el sector privado en los ámbitos energético y minero. Uno de sus últimos empleos fue precisamente el de director de Relaciones Institucionales del proyecto cuprífero Tía María, precisamente cuando estalló el conflicto que generó su postergación indefinida.

Si el presidente Pedro Pablo Kuczynski ha realizado esta designación pensando en orientar el trabajo de la DINI a prever y sofocar conflictos sociales, teniendo en cuenta el perfil del nuevo jefe de inteligencia, sería algo muy positivo para el país. Sin embargo, más allá de ese eventual encargo, sería bueno que la nueva gestión se dedique a limpiar primero y a reformar de verdad esa institución, que en la práctica desapareció durante el humalismo.

El Perú tiene suficientes problemas que afrontar, y la DINI puede convertirse en una excelente herramienta para tal fin. Existen conflictos sociales, minería ilegal, trata de personas, tala ilegal, delincuencia común y cada cierto tiempo algunos problemas de espionaje con Chile, como para tener a esa institución y a su gente detrás de empresarios, periodistas o rivales políticos, tal como hizo el anterior gobierno, cuando Ollanta Humala creía que el poder le duraría toda la vida.

El humalismo ha dejado un oscuro legado en la DINI, que siguiendo el mal ejemplo de Vladimiro Montesinos fue puesta al servicio de los intereses de la baja política, algo que estalló en la cara del anterior gobierno y del país en general. No olvidemos que el caso denunciado por Correo sigue en el Ministerio Público y que son muchas personas las que tendrían responsabilidad penal en lo que en su momento denominamos en estas páginas “Dinileaks”.

La DINI necesita una lavada de cara integral, algo que la desligue de términos como “reglaje”, “chuponeo”, “armado de expedientes” y demás. En los últimos años, el anterior gobierno hizo un amague de “reforma”. Sin embargo, es sabido que hay mucho que hacer ahí. Es necesario comenzar casi de cero para tener una inteligencia eficiente, oportuna y honesta. Nunca más debemos volver a la turbidez que nos dejaron los periodos 1990-2000 y 2011-2016.

Iván Slocovich

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