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El relajo en los penales

Los desmanes ocurridos ayer en la puerta del penal Sarita Colonia del Callao motivaron una medida que hace mucho tiempo ha tenido que tomar el Instituto Nacional Penitenciario (Inpe): el traslado de internos de alta peligrosidad y de los incorregibles al temido y gélido penal de Challapalca, entre Puno y Tacna, a fin de impedir que esos reclusos sigan delinquiendo desde dentro de esa cárcel, que en realidad es una extensión de los barrios más bravos del Primer Puerto

10 de Junio del 2017 - 07:51 Iván Slocovich

Los desmanes ocurridos ayer en la puerta del penal Sarita Colonia del Callao motivaron una medida que hace mucho tiempo ha tenido que tomar el Instituto Nacional Penitenciario (Inpe): el traslado de internos de alta peligrosidad y de los incorregibles al temido y gélido penal de Challapalca, entre Puno y Tacna, a fin de impedir que esos reclusos sigan delinquiendo desde dentro de esa cárcel, que en realidad es una extensión de los barrios más bravos del Primer Puerto.Un caso que ilustra el festín que se ha vivido en Sarita Colonia ha sido el ocurrido años atrás con Gerson Gálvez Calle (a) “Caracol”, cómplice del interno fallecido ayer en medio de una reyerta, quien desde ese penal dirigía su organización hasta que logró ser puesto en libertad. Si el evidente hacinamiento es un problema para controlar a los reclusos y hacer valer el principio de autoridad, hace tiempo el Inpe ha debido hacer traslados como los que ayer se anunciaron.

Medidas como esas deben tomarse también con muchos de los internos de penales como los de El Milagro (Trujillo), Picsi (Chiclayo) y Cambio Puente (Chimbote), donde los bloqueadores de líneas de teléfonos celulares ofrecidos hace más de cinco años siguen siendo un sueño irrealizable, mientras los “angelitos” se dedican a extorsionar desde el interior de los reclusorios que sirven para cualquier cosa, menos para tener a buen recaudo a los hampones.

Ayer el presidente Pedro Pablo Kuczynski ha defendido desde Francia la gestión de su ministro del Interior, Carlos Basombrío, quien será interpelado en el Congreso. Ha dicho que está haciendo un buen trabajo. Sin embargo, con toda seguridad, algo más se podría hacer contra la delincuencia si se lograra impedir que los internos sigan delinquiendo a través de teléfonos celulares o de cadenas de comunicación con sus cómplices en el exterior.Es difícil entender cómo en un país tan golpeado por la violencia -en su mayoría traducida en extorsiones y crímenes por encargo- se haya dejado por tantos años la seguridad de los internos que hacen lo que les da la gana. Ojalá el actual Gobierno sea capaz de romper con esa falta de voluntad política o de incapacidad que ha reinado desde hace varios años, lo que ha permitido que los ciudadanos sigamos a merced de delincuentes capturados y hasta sentenciados. Un absurdo total.

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