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El show de la violencia

​Te levantas temprano, prendes el televisor. Con un ojo miras el noticiero de la mañana y con el otro buscas lo que vas a ponerte para salir. ¿Buenas noticias? Ojalá las escuches

23 de Julio del 2017 - 07:07 Johnny Padilla

Te levantas temprano, prendes el televisor. Con un ojo miras el noticiero de la mañana y con el otro buscas lo que vas a ponerte para salir. ¿Buenas noticias? Ojalá las escuches. El tráfico infernal de la mañana, la rutina diaria y la violencia que hay en las calles son suficientes para salir con los nervios de punta. Cuando empiezas a tomar fuerza para enfrentar lo que se viene, la pantalla chica empieza con su cuota del día. “Aquí está en exclusiva el video del momento exacto en el que el sicario, casi un adolescente, dispara contra su víctima”. Te aterras, te sobrecoges, no hay forma de evitarlo, las imágenes repetidas una y otra vez y el relato detallado de los conductores para redondear la faena. Ya no quieres salir, dudas, pero hay que hacerlo. Y sigues escuchando, viendo... porque, apenas terminó lo del jovencito que asesinó por encargo, te detienes a ser testigo de cómo asaltan la farmacia de barrio y le dan duro a la pobre vendedora que intentó proteger sus monedas. ¿Mereces tanto? Parece que sí, porque aun faltan los videos del atraco de un señor en la puerta del edificio, el de las tenderas en la tienda de Gamarra y de cómo hace dos meses asesinaron a un músico en una calle de Surco. Porque, claro, no solo hay que dar actualidad pura, también, bajo la manga hay imágenes del recuerdo con tomas “en exclusiva”. Después de ese “menú” del noticiero de la mañana, no hay forma de salir intacto, solo queda encomendarte a todos los santos y salir a la jungla cruzando los dedos para que no te cruces con la tragedia. Y te preguntas, todos los días, si es necesario ante tanta violencia que los informativos de la mañana en los últimos tiempos se regodeen en ella, que se hayan convertido en el más puro reality show, donde en lugar de baile, imitación o broncas al estilo Gran Hermano la columna vertebral sea la realidad pura, cruda, sangrienta, que no merece un filtro. Y eso es lo peor, que viviéndola día a día, ahora la veamos repetida, aumentada y en HD en los informativos que buscan audiencia. Nadie en su sano juicio piensa que ocultar la realidad es lo mejor, que negarla sea la fórmula, pero el exceso es tan negativo como el creer que estamos en el mejor de los mundos. Dirán que con la difusión de videos de asaltos, asesinatos, secuestros y demás se contribuye a identificar a los responsables de los delitos y que también se aporta para que los ciudadanos tomen medidas de protección, pero convertirlos, “sin querer”, (esperamos) en una suerte de espectáculo sin límite para la platea es muy peligroso. De tanto acostumbrarnos a ser testigos de lo malo, de ver con avidez el nuevo video del artero asesinato y el atraco, nos volveremos tan insensibles que ya nada nos sorprenderá, ni nos indignará. Al contrario, esperaremos cada día uno más fuerte, mucho más terrible, exigiremos las imágenes captadas desde un ángulo de excepción y con sonido de película para televisión. Autorregulación es la palabra, sentido común aplicado al trabajo diario es lo mejor. ¿Ya es hora no?

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