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El suelo está parejo

​El debate por la sentencia que señala que los centros de salud públicos deben entregar la píldora del día siguiente gratuitamente a quienes la necesiten no tiene sentido.

29 de Agosto del 2016 - 07:01 Cecilia Blume

El debate por la sentencia que señala que los centros de salud públicos deben entregar la píldora del día siguiente gratuitamente a quienes la necesiten no tiene sentido.

La OMS ha reiterado que la píldora impide o retrasa la ovulación e impide también la fertilización del óvulo por su efecto sobre el moco cervical o la capacidad del espermatozoide de unirse al óvulo. En suma, no hay concepción y, por ende, no hay aborto.

Por otro lado, el cardenal Cipriani y la Iglesia católica continuarán oponiéndose porque así lo hace la Iglesia católica y mientras se considere que es un riesgo demasiado alto y un paso hacia la aceptación del aborto. Decir que las ministras son “respondonas” podría considerarse hasta una forma cariñosa de señalar su desacuerdo con ellas.

Las ministras, como es obvio, se deben a la población y no a Iglesia alguna. Más aún en un país como el nuestro, donde el embarazo adolescente es común y muchas veces producto de una violación, es imprescindible poner a disposición de las mujeres todos los métodos anticonceptivos y, por supuesto, en casos de emergencia, la píldora del día siguiente.

Demasiadas discusiones al respecto, especialmente cuando el acceso a la píldora siempre existió para quienes pudieran pagarla. Por su parte, los católicos, apostólicos y romanos podrán seguir usando el método del ritmo, negándose a usar condón, tomar la píldora anticonceptiva y la del día siguiente también. Esa es la libertad individual que se consagra en la Constitución del Perú.

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