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El traje a rayas y la jaula

​Desde el inicio de la llamada “lucha armada” el 17 de mayo de 1980 hasta el arresto de Abimael Guzmán hace 25 años, la propaganda senderista se encargó de pintar a este criminal como un gran filósofo, ideólogo y valiente combatiente que se enfrentaba al Estado con el puño en alto para imponer una revolución al servicio de los pobres. Todo era falso. Se trataba de un simple hampón, tal como lo vimos los peruanos el 24 de setiembre de 1992 con su traje a rayas y dentro de una jaula.

12 de Septiembre del 2017 - 07:30 Iván Slocovich

Desde el inicio de la llamada “lucha armada” el 17 de mayo de 1980 hasta el arresto de Abimael Guzmán hace 25 años, la propaganda senderista se encargó de pintar a este criminal como un gran filósofo, ideólogo y valiente combatiente que se enfrentaba al Estado con el puño en alto para imponer una revolución al servicio de los pobres. Todo era falso. Se trataba de un simple hampón, tal como lo vimos los peruanos el 24 de setiembre de 1992 con su traje a rayas y dentro de una jaula.

Esa imagen “mítica” de Guzmán, elaborada por los senderistas para levantar la imagen de su cabecilla y mantener cautiva a la recua de asesinos que lo seguía, comenzó a desdibujarse cuando vimos al terrorista totalmente borracho, bailando “Zorba el griego” al lado de su cúpula vestida de negro, con la que se reunía en los lugares donde se escondía: siempre casas en zonas residenciales de Lima, rodeado de comodidades “burguesas”.

Y es que Guzmán, quien supuestamente era un “valiente” revolucionario, nunca salió de Lima en los 12 años que vivió en calidad de prófugo. Jamás pisó Ayacucho o estuvo en un enfrentamiento con las fuerzas de orden. Para esa labor tenía a los estudiantes y campesinos a los que lavó el cerebro con su “ideología” importada de China a fin de convertirlos también en criminales, para usarlos como carne de cañón mientras él bebía fino escocés en Chacarilla del Estanque o Miraflores.

La “solidez” ideológica y maoísta de Guzmán quedó en evidencia cuando permaneció detenido inicialmente en la isla San Lorenzo en 1993. Ahí Vladimiro Montesinos logró convencerlo de su rendición y de un “acuerdo de paz” a cambio de que lo dejen permanecer preso junto a su mujer, Elena Yparraguirre. Cuenta la leyenda que la “oferta” del “Doc” incluyó también una torta, un paseo en lancha y música de Frank Sinatra. ¡Todo un revolucionario!

Guzmán es un vil delincuente de traje a rayas y jaula. No da para más. Es una lástima que para muchos jóvenes, que no se dan ni tiempo de hacer una búsqueda en Google, este sujeto sea “el doctor”, “un revolucionario” o “un líder político”. Falso. En medio de todo, enhorabuena que aquellos que ablandaron la legislación y bajaron sus condenas a terroristas como Maritza Garrido Lecca y Martha Huatay, no hicieron lo mismo con el carnicero mayor. Y pensar que eso pudo pasar.

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