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Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Miguel Ángel Rodríguez Mackay

EL VATICANO Y LAS DENUNCIAS DE ABUSO SEXUAL

​Aunque al interior de la paredes del Vaticano se sabía del caso, lo cierto es que se acaba de producir un remezón extramuros por la noticia que da cuenta de que el tercer prelado más importante de la Curia Romana, el cardenal australiano George Pell, responsable del manejo de las finanzas de la Iglesia, ha sido denunciado por el delito de abuso sexual en su país, que habría sido cometido cuando era sacerdote en la ciudad de Ballarat (1976-1980) y cuando era arzobispo de Melbourne (1996-2001), ambas en el estado de Victoria. Estamos hablando de uno de los purpurados más cercanos al papa Francisco.

30 de Junio del 2017 - 07:00 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Aunque al interior de la paredes del Vaticano se sabía del caso, lo cierto es que se acaba de producir un remezón extramuros por la noticia que da cuenta de que el tercer prelado más importante de la Curia Romana, el cardenal australiano George Pell, responsable del manejo de las finanzas de la Iglesia, ha sido denunciado por el delito de abuso sexual en su país, que habría sido cometido cuando era sacerdote en la ciudad de Ballarat (1976-1980) y cuando era arzobispo de Melbourne (1996-2001), ambas en el estado de Victoria. Estamos hablando de uno de los purpurados más cercanos al papa Francisco. 

El cardenal, ahora en el ojo de la tormenta, lo ha negado todo en sus extremos y el Santo Padre le ha expresado que le da su respaldo para que realice su descargo judicial cuanto antes. La presunción de inocencia aquí es fundamental y debe ser garantizada in extremis; sin embargo, de ser hallado responsable deberá ir a la cárcel sin discusión. Los delitos sexuales por parte de sacerdotes no es un asunto nuevo en la Iglesia, y esa es la primera tragedia que el papa Francisco ha enfrentado desde que fue elegido Sumo Pontífice. En su momento, su santidad Bergoglio pidió perdón por los casos de abusos sexuales cometidos en diversos momentos de la historia reciente de la Iglesia. Ya sabemos que la Iglesia es más trascendente que los malos curas que existen, pero nadie puede negar que resulta impactada a la luz de su historia santificadora siempre por encima de las desviaciones mortales. Para acabar con esa retórica, una de las primeras acciones del papa Francisco desde el inicio de su pontificado ha sido tomar el toro por las astas, es decir, no ocultar estos casos y condenarlos. Deberá hacer lo mismo de ser hallado culpable de las referidas atrocidades sexuales su cercanísimo colaborador eclesiástico. La vida humana en su calidad impoluta e intangible es lo primero que se debe preservar.

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