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Johnny Padilla

Johnny Padilla

En nombre del padre

Hace 10 años, una tragedia provocó que, en medio del dolor, muchos que ven de reojo y con cierto desprecio cualquier manifestación de la cultura popular se enteraran de que la cumbia peruana existía con nombre y apellido y desde hace décadas, a partir de la influencia del gran Enrique Delgado que cambió el rumbo a la historia musical del género en el Perú

21 de Mayo del 2017 - 07:57 Johnny Padilla

Hace 10 años, una tragedia provocó que, en medio del dolor, muchos que ven de reojo y con cierto desprecio cualquier manifestación de la cultura popular se enteraran de que la cumbia peruana existía con nombre y apellido y desde hace décadas, a partir de la influencia del gran Enrique Delgado que cambió el rumbo a la historia musical del género en el Perú. La muerte de Jhonny Orosco -la desaparición de todos los integrantes de Néctar con su líder en un accidente automovilístico en Buenos Aires- conmocionó a todo un país que fue testigo del dolor de un pueblo que coreaba las canciones de su ídolo y hacía suyas las lágrimas de las familias sin consuelo que lloraban al padre, hijo o hermano ausente. La pérdida irreparable de un grupo emblemático de la cumbia peruana trajo consigo que los despistados se dieran cuenta de que el género estaba vivo, que pasaba por etapas de mayor o menor difusión, pero llenaba locales, generaba éxitos y marcaba la pauta en quienes la sentían como la música del baile obligado y el llanto con cerveza en mano para ahogar las penas de amor. Hace diez años también, y a pocos días del drama de Néctar, apareció tímido, casi a la fuerza, un jovencito que de un momento a otro tuvo que convertirse en el padre de la casa para afrontar lo que se venía y, sobre todo, luego del duelo, empezar a trabajar para no solo sacar adelante a su familia, ya que también tenía que mantener vivo el nombre de su padre y de un grupo que no merecía acabar su historia de un tajo. Deyvis Orosco es ese muchacho, hoy de 30 años, que a una década de la tragedia, tras un reciente concierto en homenaje a la memoria de su padre, está orgulloso de continuar con su legado, pero al mismo tiempo que siempre supo reconocer que su “viejo” es irremplazable y que en cuanto se subiera a un tarima vendrían las comparaciones, las críticas y ciertas calificaciones ociosas. Eso lo tuvo claro Deyvis desde el inicio y ese es su principal mérito, el de haber sido consciente de lo que puede ofrecer como cantante y a partir de allí haber reinventado Néctar y de atreverse a enfrentar los nuevos tiempos de la cumbia como se debe en pleno siglo XXI. No es fácil darle la vuelta al rumbo de un grupo, volverlo a sacar desde abajo, cambiarle la cara para captar nuevos seguidores, acostumbrar al público que seguía a Jhonny Orosco a una nueva voz, su hijo lo pudo. Que le guste a unos, no a otros, eso es parte del negocio. Pero que Deyvis lo hizo en nombre de su padre es real y una muestra de puro amor.

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