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Juan Carlos Gambirazio

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Eso es lo que la FIFA nos dice a través de su ranking. Esa es la noticia que nos empuja a inflar el pecho con suficiencia y esperanza

04 de Junio del 2017 - 07:11 Juan Carlos Gambirazio

Eso es lo que la FIFA nos dice a través de su ranking. Esa es la noticia que nos empuja a inflar el pecho con suficiencia y esperanza. Con perspectiva e ilusión. Sonreímos con orgullo, como cuando se acaba de recibir un premio que no teníamos presupuestado. Pero la farsa no puede durar demasiado tiempo; la verdad es enorme, grotesca, brutal. Nuestro fútbol es una lástima.

Quién sabe cuáles son los criterios que la FIFA maneja para definir las posiciones de su lista, pero deben ser un tanto descabellados. Hoy por hoy, nuestro fútbol es de los últimos del planeta. Ojo, está claro que el ranking implica a las selecciones, no a las coyunturas futbolísticas, pero no deja de ser paradójico que mientras nuestros principales equipos dan vergüenza a nivel continental, nuestra selección trepa y trepa escaños en el ranking mundial. Se trata de un puesto histórico, nunca antes ocupado, pero la sinceridad se nos impone y la satisfacción no se consuma por completo; no hay nada que celebrar.

La situación es lamentable, nuestros equipos se despidieron sin pena ni gloria tanto de la Copa Libertadores como de la Sudamericana, perdiendo en casa, siendo goleados, y los responsables soltaban frases que intentaban sopesar el mal sabor que el fracaso habitual nos genera. “Es nuestro nivel”, “Nuestro torneo local es un desastre”, “Nos dicen mediocres, pero no se dan cuenta dónde están”, “Serán pocos los equipos que le metan cuatro goles a River”, “Independiente hizo más méritos”, y así podríamos completar una lista enorme de justificaciones o premios consuelo.

Lo triste es que parece que se nos está haciendo costumbre fracasar y que las frases están en la punta de la lengua para ser expulsadas apenas el desastre se consuma. Con los años, nos volvemos especialistas en encontrarle explicación al papelón, hemos desarrollado una capacidad insuperable para convivir con la derrota. Lo preocupante es que ya parece normal, parte de nosotros.

No renunciemos a la capacidad de indignarnos, no nos embriaguemos con el ranking, que no nos dice nada, porque la selección tampoco va bien, en este preciso instante estamos fuera del Mundial de Rusia, por más que la FIFA nos ofrezca estos cariños extraños. Sintamos vergüenza de lo que somos, no nos resignemos a explicar, a justificar y apoyarnos en eso para sentirnos menos miserables. Que se nos caiga la cara cuando nos despachan de los torneos internacionales sin despeinarse, cuando Perú es vista como una plaza segura por todos los equipos. Démonos cuenta del lugar que ocupamos y dejemos de inflar el pecho por nada, de encontrarle explicación al fracaso y de tomar como habitual aquello que nos puede terminar destruyendo.

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