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Evangelina

El flagelo indomable de la naturaleza nos avisa de la precariedad de nuestra condición humana, a veces nos agarra a zurriagazos, y solo ante la inminencia del desastre recordamos la valía de la prevención.

19 de Marzo del 2017 - 07:36 CARLOS RENZO OLIVERA GONZALES

El flagelo indomable de la naturaleza nos avisa de la precariedad de nuestra condición humana, a veces nos agarra a zurriagazos, y solo ante la inminencia del desastre recordamos la valía de la prevención.

Cómo no recordar a Evangelina Chamorro, esa mujer que hace unos días sobrevivió a la inclemencia de un huaico, cómo no sentir su lucha por aferrarse a la vida en medio de los maderos, piedras y desperdicios que la indolente turbidez de la marea se empeñaba por arrastrar.

Ver a Evangelina es ver a una parte del Perú que sufre en el anonimato la indiferencia y la desolación; es ver una porción de nuestro país que, aunque olvidada, emerge entre el fango de la adversidad que le tocó pagar por la incapacidad de gestión de sus autoridades.

Sin embargo, antes de ella hubo otras Evangelinas, más olvidadas aún, otras Evangelinas que se aferraron o perecieron, que lloraron o gritaron a escondidas y sufrieron su dolor allá muy lejos, en todas esas partes desmembradas del Perú, ese Perú desatendido que nadie conoce o que nadie quiere conocer.

A pesar del dolor que se siente a los lejos y del que se siente tan cerca, hay muchas autoridades que a pesar de la cruda adversidad se frotarán las manos como símbolo indolente de su afán de lucro, viendo en el dolor de los demás una gran posibilidad para sus bolsillos, pues la reconstrucción no es gratis, y ante el desorden todo es posible; si esto es así, habrán muchas más Evangelinas soportando el pesado dolor para el beneplácito de otros.

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