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Jorge Esteves

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Fusil dialéctico y poder

​En las últimas horas, la congresista de Fuerza Popular Alejandra Aramayo se ha lanzado desde su escaño como un vendaval, como un regimiento desbocado, como un boxeador que no tiene miramientos desde el primer round, para calificar a sus críticos de practicar el “sicariato periodístico”.

12 de Abril del 2017 - 07:30 Jorge Esteves

En las últimas horas, la congresista de Fuerza Popular Alejandra Aramayo se ha lanzado desde su escaño como un vendaval, como un regimiento desbocado, como un boxeador que no tiene miramientos desde el primer round, para calificar a sus críticos de practicar el “sicariato periodístico”.

Lo dice ella, quien en sus tiempos de periodista en Puno hizo gala de un fusil dialéctico para ningunear, desacreditar, prejuzgar, exagerar y tirarle barro a quien creyera que se lo merecía.

Trabajo en el centro del país desde hace tres años y medio y he observado que algunos conductores de medios radiales y televisivos imponen una violencia verbal para que las autoridades, empresarios y otros actores políticos o sociales cedan a sus requerimientos económicos, y si sus insultos no dan fruto de inmediato y el favor que se espera no llega, las campañas en contra son a horario corrido con palabras como “ignorante”, “ratero”, “delincuente”, “mentiroso”, “corrupto” y todos los etcéteras de un linchamiento mediático.

Las denuncias contra Alejandra Aramayo me hacen recordar esta triste realidad en el interior del país. “Aramayo me dijo: si no pagas, atente a las consecuencias”, reveló Julián Barra, exdirector ejecutivo del Proyecto Especial Binacional Lago Titicaca (PELT), quien denunció judicialmente a la parlamentaria y a su padre por chantaje y extorsión hace 16 años.

“Ellos me han extorsionado. Me han pedido plata y, cuando no daba, me difamaban, hablaban pestes de mí”, afirmó Alfonso Ureta, exgerente departamental de EsSalud Puno.

Por supuesto, no me consta que esas denuncias sean ciertas, pero lo que sí noté en los videos de la periodista Alejandra Aramayo es que cuando comentaba, cuestionaba y atacaba, entendía que partía de una posición de poder y se sentía facultada para imponer el orden que ella quería. Un poco como que la libertad de expresión se tenía que adaptar a sus deseos.

Han pasado 16 años y la parlamentaria ha presentado un proyecto de ley de control de medios, que supuestamente busca expectorar a los corruptos. Y para defender ello muestra la misma vehemencia que manifestaba cuando conducía un programa de televisión. Denigra a sus críticos y espera que la libertad se adapte a sus deseos. Y desde su efímero pedestal quiere resolver los problemas, que en general están en manos de otras personas.

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