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Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Miguel Ángel Rodríguez Mackay

¿GIRO EN LA POLÍTICA EXTERIOR DE COREA DEL SUR?

​La primera consecuencia del resultado electoral presidencial de ayer en Corea del Sur, que ha dado la victoria al izquierdista Moon Jae-in, es la posibilidad del advenimiento de una mejor relación bilateral con Corea del Norte. Ningún presidente surcoreano había tenido desde 1953, en que se declaró el armisticio -paz no declarada- entre ambos países, una lectura a favor de un proceso de acercamiento y hasta de reconciliación con Pyongyang.

10 de Mayo del 2017 - 07:00 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

La primera consecuencia del resultado electoral presidencial de ayer en Corea del Sur, que ha dado la victoria al izquierdista Moon Jae-in, es la posibilidad del advenimiento de una mejor relación bilateral con Corea del Norte. Ningún presidente surcoreano había tenido desde 1953, en que se declaró el armisticio -paz no declarada- entre ambos países, una lectura a favor de un proceso de acercamiento y hasta de reconciliación con Pyongyang. 

Está claro que este viejo promotor de los derechos humanos que forma parte de la generación de coreanos impactados por la división en el paralelo 38° de ese año, buscaría voltear la página para proponer, seguramente, algunas fórmulas que no necesariamente lleven a la reconciliación política. Ello es demasiado pedir a dos países opuestos en su esencial modelo político-económico. Sí resultará interesante conocer cuál será el parecer del presidente estadounidense Donald Trump, cuya actitud hacia Corea del Norte desde que llegó a la Casa Blanca no ha sido precisamente la mejor. La primera pregunta que salta a la vista es, pues, qué tanto será capaz de entender el nuevo presidente de Corea del Sur el estado de tensión que en estos momentos prima en la región asiática. Podría incluso buscar un primer encuentro con el líder máximo de la otra Corea, lo que puede significar para Washington una recomposición de su estrategia, que últimamente había sobresalido por el despliegue de una impresionante cuota militar hasta las costas coreanas. La suerte de Moon Jae-in deviene de la desgracia de la presidenta Park Geun-hye, defenestrada por su implicación en el delito de corrupción. El evidente ingrediente ideológico del nuevo presidente surcoreano es muy probable que lleve a EE.UU. a observar sus primeros pasos de interacción con los comunistas. Moon Jae-in no va a dislocar su relación con Washington, pero sí podría promover una relación menos pegada que la que ha prevalecido desde los años 50 hasta ahora entre EE.UU. y Corea del Sur.

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