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Francisco Cohello

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Kuczynski, oído a la música

​Si el presidente Pedro Pablo Kuczynski quiere honrar lo que dijo el 28 de julio, con relación a que “las artes y, en especial, la música serán materias obligatorias y promovidas por el Estado”, debería dotar cuanto antes de un local digno al Conservatorio Nacional de Música.

05 de Octubre del 2016 - 06:46 Francisco Cohello

Si el presidente Pedro Pablo Kuczynski quiere honrar lo que dijo el 28 de julio, con relación a que “las artes y, en especial, la música serán materias obligatorias y promovidas por el Estado”, debería dotar cuanto antes de un local digno al Conservatorio Nacional de Música. Lo que sucede con el principal centro de formación musical estatal del país es una absoluta vergüenza, una bofetada a la cultura, un escupitajo al talento. Enerva, por ejemplo, que por calles y plazas, casi con tono lastimero, doña Carmen Escobedo, directora del Conservatorio, diga que les urge un nuevo local porque en el actual, de Carabaya, “la mayoría de las clases las tenemos en unas 40 aulas, pequeñas y algunas medianas”, y que “después de un periplo, yendo por diferentes locales, casas, nos asignaron por aquí, por allá y de algunas nos sacaron de mala manera”. No, no es el Macondo de García Márquez, el Uganda de Idi Amin, ni el Sudán del Sur de Salva Kiir que se destroza entre guerras. Es Lima la horrible, la de Salazar Bondy, la que desconoce el crecimiento económico de 26 años y los números empecinados en mostrar que en algo hemos cambiado pero que nos dicen que en esencia somos los mismos. La música, el idioma del alma, el espacio inasible de los tiempos, desfallece en la sala de urgencias. “No tenemos auditorio”, agrega Escobedo, y entonces se entiende por qué desfallecen. El auditorio es el corazón, el palpitar incesante y vívido de cualquier conservatorio, pero aquí no puede haberlo si las autoridades tampoco lo tienen.