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LA ADVERTENCIA DE WASHINGTON A MOSCÚ y BEIJING

​El panorama internacional por los últimos sucesos en el Medio Oriente, particularmente en Siria, es ideal para analizar el comportamiento de los actores visibles de las relaciones internacionales. En primer lugar, más allá de que EE.UU. haya actuado al margen del derecho internacional al haber bombardeado unilateralmente una base militar siria, es decir, sin aprobación del Consejo de Seguridad de la ONU, que es el órgano de la ONU llamado a validar el acto, lo cierto es que Washington está imponiendo su cuota hegemónica.

12 de Abril del 2017 - 07:00 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

El panorama internacional por los últimos sucesos en el Medio Oriente, particularmente en Siria, es ideal para analizar el comportamiento de los actores visibles de las relaciones internacionales. En primer lugar, más allá de que EE.UU. haya actuado al margen del derecho internacional al haber bombardeado unilateralmente una base militar siria, es decir, sin aprobación del Consejo de Seguridad de la ONU, que es el órgano de la ONU llamado a validar el acto, lo cierto es que Washington está imponiendo su cuota hegemónica. 

A los bombardeos sobre posiciones del régimen Bashar al-Assad, ha seguido una impresionante movilización de sus portaviones en los mares de Asia, particularmente cerca de las costas de Corea del Norte, el otro dolor de cabeza para EE.UU. 

Su poder está fundado en su insuperable fuerza militar, pues ningún país del globo se parece a EE.UU. en esa condición. Ese poderío supone una conducta como la reciente en que el secretario de Estado, Rex Tillerson, prácticamente ha conminado a su homólogo ruso a que desistan de su alianza estratégica con el régimen de Damasco. 

No sabemos aún si lo logrará porque Moscú no está dispuesta a perder un aliado dinámico para su proyección geopolítica en el Medio Oriente, mirando el Mediterráneo y la Unión Europea. Por otro lado, Beijing ha manifestado que no quiere ningún escenario conflictual a la vista y que hará cualquier cosa para evitarlos. Los chinos apostaron por el desarrollo de una economía de mercado desde los tiempos de Deng Xiaoping, de allí que buscarán indesmayablemente que no se alteren sus planes comerciales. Quieren ser un gran imperio económico y solo esperan pacientes que la historia los avale por la teoría de la ciclicidad del poder. Mientras tanto, es verdad que Moscú y Beijing tienen lo suyo, pero siguen mostrando una condición subordinada al poder de EE.UU. 

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