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La cultura del “banner”

“Banner”, término usado para denominar a la publicidad que se incluye en una página web con el propósito de ofrecer un producto o servicio, hoy es sinónimo de una moda, “la del banner”, que en los últimos años acabó por convertir a algunos personajes de la televisión en una suerte de promotores de ciertos eventos, negocios, locales, franquicias, en fin, todo lo que puede ser publicitado a cambio de ventilar dramas en vivo con el cartelito detrás que auspicia sus confesiones

11 de Junio del 2017 - 07:15 Johnny Padilla

“Banner”, término usado para denominar a la publicidad que se incluye en una página web con el propósito de ofrecer un producto o servicio, hoy es sinónimo de una moda, “la del banner”, que en los últimos años acabó por convertir a algunos personajes de la televisión en una suerte de promotores de ciertos eventos, negocios, locales, franquicias, en fin, todo lo que puede ser publicitado a cambio de ventilar dramas en vivo con el cartelito detrás que auspicia sus confesiones. No pretendemos cuestionar a nadie el derecho de ganarse sus frejoles, de recibir sus buenos cientos de dólares por contar sus romances, desengaños, traiciones o de responder ataques de la rival de turno, esa no es la idea, pero lo que sí podemos comentarles es que lo que se convirtió en una tendencia algo discutible en ciertos programas de entretenimiento, a la luz de los hechos se ha ido desgastando a tal punto, que ya ni los mismos televidentes se tragan a pie juntillas lo que están viendo, el libreto hoy es conocido, reiterativo y los protagonistas cada vez menos creíbles. Si antes unas hermanas colombianas lloraban a mares cada una y se acusaban mutuamente de las peores maldades y luego detenían sus insultos para recordar que “la peluquería fulana tiene grandes descuentos los fines de semana”, retomando luego los dramones, hoy ya todo está cambiando. El mundo de la televisión avanza a pasos agigantados y ser testigo de testimonios en vivo que complementan los escándalos faranduleros de la semana realmente cada vez es menos atractivo. Y nos preguntamos si realmente los clientes que contratan a estos personajes para promocionar sus productos no se dan cuenta de que asociar estos a personajes polémicos no es un buen negocio para lo que desean promocionar. Las infidelidades de una jovencita que luego dice “recuerden que tal artista dará un concierto” ¿pueden contribuir a la venta de entradas de un show? Las tribulaciones de la ex de un popular cantante y actor que invoca a que adquieran la franquicia de una conocida peluquería ¿entusiasmarán a pequeños o grandes empresarios a invertir con solo verla relatar sus desventuras? El banner terminó deslegitimando las historias de violencia y desamor de algunas figuras mediáticas, cuando debían hacer pausa en su confesión para recordar su “cherry”, y sepulta como inversionistas a quienes creen que usando a esos personajes hicieron la mejor de las apuestas para sus productos. De la vida real.

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